La situación que vivimos nos ha permitido experimentar una cantidad de emociones: incertidumbre, miedo, ansiedad, frustración, enojo… Algo nunca antes visto, para lo que ninguno podría haberse preparado: la súbita interrupción de las dinámicas sociales y la pérdida de la libertad de movilización en condiciones difíciles de comprender. Esa cascada de emociones – tan compleja –, ha ido evolucionando y esta semana, nos confronta con la tristeza que produce la ausencia y la dicha que es propia de las bienvenidas.
Se fue Galo Efraín Pantoja Rosales, un maestro como pocos, excelente, amante de la cultura y el arte, comprometido con la humanidad, dotado de valores éticos destacados, promotor de incontables causas en la música y la danza… marchó a la eternidad de manera temprana, para permitirle a su alma seguir bailando en el infinito. Dolor por su adiós. Nostalgia por su inexorable ausencia.
Se fue La Rana, sitio emblemático de Armenia, del que disfrutamos todos en algún momento. Establecimiento de comercio caracterizado por la excelencia en sus productos y el buen servicio. Se va, porque no pudo resistir la crisis económica. Lo más lamentable es que no es el único que cerrará. Serán muchos y cada uno corresponderá a una pérdida irreversible… Un momento de la historia doloroso de habitar.
En contraste con ello, la felicidad que es propia del reencuentro, también arriba. Empiezan a abrir otros lugares, como el restaurante Territorio Rodizio, que por encontrarse en jurisdicción de Salento y estar este libre de COVID, ha cumplido con la normativa y luego de acatar los requerimientos en cuanto a adecuaciones y protocolos para garantizar la bioseguridad, recomienza, a partir del 28 de junio.
¿Qué representa ello? La posibilidad de reunirse de nuevo -con prudencia-, la alternativa de desplegar esa esencia social que nos es propia. Como Rodizio, otros espacios vuelven a recibirnos, con el entusiasmo de la bienvenida y el compromiso de hacerlo todo para preservar el bienestar y la salud.
Otro motivo de júbilo: la posibilidad de reapertura para las iglesias. Es pionero el hermoso templo católico de Génova – otro municipio sin COVID –. Acatando las directrices en cuanto a distanciamiento físico y uso de elementos de auto protección, regresa la Eucaristía… Momento para el reencuentro espiritual, la escucha de la Palabra Divina y las prácticas de piedad, que serán fundamentales para la recuperación afectiva que necesitamos.
Vamos regresando de a poco, aprendiendo a convivir con un enemigo invisible, comprendiendo la manera de cuidarnos, conservando la vida mientras la gozamos como la añoramos, en el placer del encuentro y la comunión.
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