Antes de los teléfonos móviles hacíamos más cosas con muchos más objetos. Las generaciones contemporáneas, millennials y centennials, pueden no identificar muy bien qué tantos objetos son reemplazados por estos aparatos multifuncionales que llevamos siempre con nosotros, por poco adheridos al cuerpo. Llevamos cuatro décadas de acceso masivo a cambios tecnológicos profundos, cambios acelerados que … Continuar leyendo
Antes de los teléfonos móviles hacíamos más cosas con muchos más objetos. Las generaciones contemporáneas, millennials y centennials, pueden no identificar muy bien qué tantos objetos son reemplazados por estos aparatos multifuncionales que llevamos siempre con nosotros, por poco adheridos al cuerpo. Llevamos cuatro décadas de acceso masivo a cambios tecnológicos profundos, cambios acelerados que tienen la particularidad de borrar rápidamente el pasado. En este caso, se hace necesario que cada vez más se pueda contar la historia de las tecnologías y prácticas pasadas que han sido reemplazadas por dispositivos actuales. Cursos de formación, programas de radio o televisión, así como contenidos textuales como libros y artículos, exposiciones en museos, entre otros, son cada vez programas y proyectos más que necesarios, indispensables.
En términos académicos, por un lado, la ecología de los medios es una de los campos de investigación y reflexión que trabajan alrededor del estudio de los medios como ambientes que afectan a los usuarios. Este nuevo campo de estudio sostiene que las tecnologías de la comunicación generan entornos que moldean la percepción y la visión del mundo. Por otro lado, la arqueología de los medios es un campo de estudio que explora las tecnologías de la comunicación desde una historia no lineal. Se opone a la idea de un progreso tecnológico irreversible, buscando variaciones individuales, giros y quiebres en la historia de los medios, particularmente los obsoletos, marginales o fallidos para entender cómo influyen en las formas contemporáneas de percepción, comunicación y cultura.
Particularmente he tenido la grata experiencia de visitar una exposición sobre los celulares, esos aparatos masivos que llegaron para quedarse durante un buen tiempo en la historia humana, pues si llega luego alguna innovación tecnológica que los reemplace será algo completamente invasivo o fusionado ampliamente a nuestro cuerpo. La economía mundial y la división geoestratégica ha cambiado y continúa cambiando debido a estos artefactos tecnológicos, pues pensemos en los minerales que se requieren para producir las piezas de intercambio de información y almacenamiento de energía que se usan. Pero es muy trascendente todas las prácticas y objetos que, como inicia esta columna, han cambiado o han sido reemplazadas.
En la exposición Celulares: conexiones invisibles, en uno de los museos más importantes del mundo, el Museo de Historia Natural Smithsonian en Washington D.C., encontré todo un espacio de ecología y arqueología de los medios, pues además de poner a los visitantes en la reflexión sobre la situación sobre los usos actuales de estos aparatos, se encuentra un genial recorrido por las prácticas y tecnologías que antes eran usadas por separado, o que posiblemente estén muchos de estos objetos en nuestros hogares o que también realicemos estas actividades, pero que un solo aparato ahora puede contener y hacer, dígase música en formatos análogos como casettes, formatos digitales como los CD, teléfono alámbrico, libreta de notas, libreta de directorios de teléfonos y direcciones, brújula, reloj despertador, cámara fotográfica, álbum de fotografías impresas, libros en formato impreso, juegos de mesa, periódicos, entre otros muchos objetos.
Es bastante impactante, para los que conocimos y usamos estos artefactos análogos hace décadas, verlos allí en un museo, nos trae gratos recuerdos y nos saca sonrisas de nostalgia. A las nuevas generaciones les impacta reconocer esta multitud de artefactos y, es interesante ver cómo se prestan atención a la explicación de cómo funcionaban dichos objetos, lo cual fortalece esa comunicación entre generaciones. Importante poder replicar estas experiencias en otros lugares, como nuestra ciudad, puede ser en museos, que también son espacios de aprendizaje.
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