¿Cómo sería la vida si todas las personas tuviéramos la misma manera de pensar, sentir y hablar? ¿Los mismos gustos? ¿Idénticas ideas? ¿Iguales formas de transitar por la existencia?
Seguramente se presentarían menos conflictos y quizás (la verdad no lo sé), más bajos índices de violencia, pero tal vez, también existiría más tedio, pues, aunque a veces se propicien confrontaciones y desacuerdos, la diferencia enriquece y muestra otros caminos.
El que piensa diferente, quizás nos incomode o hasta reciba de nosotros un juicio de reprobación, sin embargo, nos brinda la maravillosa oportunidad de apreciar las cosas de una forma diferente, entendiendo que nuestra percepción siempre será parcial y tal vez no tan objetiva, pues estará mediada por creencias, valores, prejuicios y por supuesto, por las experiencias previas que hemos tenido.
Nos encontramos en un momento álgido de las campañas políticas, candidatos de una y otra corriente de pensamiento visitan los territorios y movilizan a las personas. También lo hacen quienes aspiran a ser reelegidos o a llegar por primera vez al Senado de la República en todos los rincones de Colombia, hablan de sus currículos y sus ideas, algunos de sus realizaciones y propuestas.
Se mueven las regiones con los postulados a la Cámara de Representantes.
Cada departamento elegirá a los que serán su voz en esta instancia del poder legislativo y tomarán caminos de preferencia y depositarán su voto por uno o una que le genere confianza, empatía o alguna emoción similar.
¡Bienvenida la diferencia!
Bienvenidos los que defienden los derechos humanos y también los que sueñan con mejorar la economía, aquellos que priorizan lo social y los que buscan el fortalecimiento de las empresas, los protectores de la familia y también de los animales.
La esencia de la democracia es la participación, cuyo pilar es justamente la diferencia.
No podemos seguir pensando que hay “buenos” y “malos”, que el mundo se divide entre “héroes” y “villanos”. No hay tal y no puede haberlo. Sí hay muchas y muy diversas formas de pensar, sentir y actuar. El respeto tiene que ser, el primer invitado en todos los debates.
Es necesario que existan distintas maneras de concebir las cosas, como también que esas diversidades puedan sentarse a dialogar, porque, tal vez, entre todos, los de distintas ideas, podemos construir una verdad más grande y generosa, más total, más incluyente y útil.
Debemos escoger a personas buenas, íntegras, capaces, preparadas, solidarias, socialmente responsables, que, más allá de populismos y discursos diseñados para “encantar”, cuenten con herramientas para hacer lo mejor, enmarcados en valores innegociables e irrefutables como: honestidad, transparencia y sentido del honor. No se trata de popularidad, sino de capacidad, es lo fundamental para enfrentarse a escenarios tan serios y demandantes como la Presidencia de la República y el poder legislativo.
Además de dar la bienvenida a la diferencia, debemos entrenarnos para convivir con ella porque, incluso aquel cuyas convicciones son distantes de las mías, puede hacer un aporte. Se trata de proponer, comprender y construir, de ayudar y, sobre todo, respetar al otro y a los otros. Finalmente, bienvenidos los que visten de azul, rojo, verde, amarillo… debemos juntarnos a ver si logramos que brille un bello arco iris y lo haga para todos.
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