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Camilo Velásquez, in memoriam

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 6 noviembre 2024

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

En la residencia familiar, de amplios recintos, jardines, terrazas y miradores, en varios niveles, no visibles al momento de ingreso, coinciden, un lugar topográfico sugestivo, y el  buen criterio de arquitectos y propietarios. La colcha de verdes con fondos azules cielo y grises nube sobre la cordillera, conmueven al observador. En rumoroso descenso hacia el … Continuar leyendo

En la residencia familiar, de amplios recintos, jardines, terrazas y miradores, en varios niveles, no visibles al momento de ingreso, coinciden, un lugar topográfico sugestivo, y el  buen criterio de arquitectos y propietarios. La colcha de verdes con fondos azules cielo y grises nube sobre la cordillera, conmueven al observador. En rumoroso descenso hacia el cauce de La Vieja, el Río Quindío, sus laderas, a salvo de ruidos de motores, transpiran solemnidad. 

Pese a los años transcurridos, guardo bien dentro la visita de tarde sabatina, zona de El Caimo bajo; horas gozosas, pleno sol, brisa leve; Camilo al piano, talento compositivo y hábil ejecución; Cindy y Ángel catando conmigo un café servido con esmero en el estar. Durante animado diálogo, el anfitrión evocaba una infancia y adolescencia de escolaridad en aulas bilingües top level de Armenia; al tiempo, su aproximación al arte musical, a la literatura; relató también las aún frescas vivencias como estudiante universitario, a punto de culminar medicina en Uniandes, Bogotá, donde al final no soportó demoledoras presiones auto impuestas.

La carrera, el prometedor futuro, resultaron truncos, al experimentar durante prácticas clínicas y luego depender, del consumo de fármacos fuertes. Enfrentaba entonces su realidad; con apoyo familiar, afectivo, y profesional, librando duras luchas internas, con el reto de superar el trance. No descartaba retomar su rumbo e impulso. 

Se habló de música, del apego al teclado y su eventual aporte terapéutico. En el plano de las letras, encontramos un lector denodado, con aficiones poéticas y novelísticas definidas. No olvido su expresa admiración por la obra de Roberto Bolaño, por la versatilidad de registros entre, ejemplo, Los detectives… y posteriores relatos, como Antwerp o sus menos mencionados cuentos o poemarios. ¿Influyeron la figura de Ulises Lima, plagada de enigmas, protagonista de la más conocida novela del chileno-mexicano, y los poetas del ficcionado movimiento poético real-visceralista, en la deconstrucción interior de Camilo?
De él, de Camilo Velásquez Bedoya, en ligeros escaneos que antes hacía, en busca de novedades “plumíferas”, leí con interés, meses antes, sus primeras notas en La Crónica del Quindío, insertas en espacios no habituales, segregadas de las páginas de opinión. El talento saltaba a la vista suscitando curiosidad. A nuestro encuentro personal contribuyó Uriel Salazar, fallecido columnista de este diario, quien publicó por entonces una nota aludiendo al trabajo de Velásquez y al mío. En adelante, tras conocernos, seríamos buenos aunque inconstantes amigos. Sumados luego Cindy Cardona y Ángel Castaño, se cerró el círculo. 
Evoco al personaje y a lo vivido aquella tarde, en reacción a la escueta noticia vía WhatsApp de Ángel, iniciando la semana anterior: -¿Supo lo de Camilo Velásquez?
-No. Qué ocurre. -Lo encontraron muerto, el viernes pasado.

La noticia aturde y hiere. A pesar de falsas distancias e incomunicación durante los últimos años, seguía de lejos sus pasos a través de lo poco que sobre él se publicaba en las redes. Algo de su acervo musical, piano y voz en una particular propuesta, y apartes sueltos de tres novelas cortas hasta ahora publicadas en edición electrónica. De sus batallas interiores, de andanzas por otros paisajes, de posibles avances o retrocesos, de las circunstancias que rodearon el prematuro y definitivo viaje, nada sé.

La figura, el rostro disminuido, desaliñado, de la fotografía que ilustra la noticia de su muerte, intentaré borrarlos. Prefiero conservar la imagen del artista inquieto, del creador musical y literario que conocí y valoré.
 


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