Será estruendosa de nuevo, como cuando varios millares de desinformados colombianos confiaron en la grotesca figura del difunto Rodolfo Hernández y su Liga de Gobernantes Anticorrupción (sic), la apabullante derrota, en las próximas elecciones para presidente de Colombia, de cuantos componen y representan la recusada ultraderecha colombiana.
Sin ningún futuro social, político ni económico, cuando para sumar votos e impulsar el desarrollo de nuestro país, cuentan con una figura de tan poca enjundia y significación como la del candidato que los representa, artesano del sobre-énfasis con licencia para sobreactuar; militante del hiperconvencimiento y teórico del patriotismo maximalista. Entre Cepeda, próximo presidente de Colombia, y Abelardo, el primero personifica la tradición de la izquierda, la memoria histórica, la defensa de víctimas y el diálogo para la paz; el segundo, un perfil emergente mediático, con asiento en fuerzas tradicionales y una narrativa ultraconservadora y retardataria de seguridad. Cepeda, identificado con la izquierda progresista, como candidato oficial del bloque Pacto Histórico. Abelardo, decolorada alternativa de derecha y centro-derecha conservadoras cuyo discurso enfatiza el orden, la seguridad y una agresiva y violenta oposición a cuanto considera izquierda radical. Cepeda, con una íntegra trayectoria histórica en defensa de los derechos humanos, víctimas del conflicto armado y procesos de paz, cuyo discurso público enfatiza la verdad, justicia social, reparación de víctimas, memoria histórica y reconciliación nacional. Abelardo, si bien desde su ejercicio profesional ha tomado incipientes casos relacionados con derechos humanos o medio ambiente, acentúa su campaña en la mano dura, seguridad y orden público. Combate al crimen apostando por un Estado fuerte y autoritario, más que por la transformación social radical. Algo que Colombia ya no resiste. Cepeda, se inscribe en el bloque progresista defensor de equidad, inclusión, justicia social, reparación y fortalecimiento institucional en favor de víctimas y sectores marginados. Propone continuidad, profundización de políticas de paz, derechos humanos y reconciliación, con énfasis territorial (transformación en regiones golpeadas por la violencia). Abelardo, por su parte, promete un esquema de corte liberal/conservador, apelando a ciudadanos escépticos de la política tradicional. Cepeda, figura institucional con décadas de recorrido político, conocimiento sistemático del aparato estatal, del Congreso, los procesos de paz y el debate público cuyo discurso tiende al diálogo, al consenso y a visibilizar víctimas del conflicto en una progresista narrativa de memoria histórica. Abelardo, apostando por un liderazgo mediático de engañosa presencia en redes y medios, usando la retórica del choque y la exaltación patriótica, se asemeja al denominado populista de derechas, mixtura de figuras públicas, espectáculo, promesas de seguridad y valores tradicionales. Abelardo ha retado a Cepeda a confrontar ideas cara a cara. Cepeda, por su parte, manifiesta la necesidad de debates con reglas, sobre ideas y propuestas, no sobre agravios personales ni la clase de amenazas que aquel expresa.
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