Amplia divulgación tuvo la publicación realizada por un turista extranjero, que visitó al Quindío y daba cuenta de todo el periplo desde el arribo a la ciudad capital. El relato en lo atinente a otros municipios es entusiasta, se percibe aprecio por varios lugares en Circasia, Filandia y Salento. Habla sobre la exquisitez de la … Continuar leyendo
Amplia divulgación tuvo la publicación realizada por un turista extranjero, que visitó al Quindío y daba cuenta de todo el periplo desde el arribo a la ciudad capital. El relato en lo atinente a otros municipios es entusiasta, se percibe aprecio por varios lugares en Circasia, Filandia y Salento. Habla sobre la exquisitez de la gastronomía, la belleza de los paisajes y el impacto positivo que generaron en su mirada la arquitectura y los parques.
Y se refiere a Armenia con decepción y desencanto. Habla de la belleza de la vista que puede contemplarse desde el Mirador de La Secreta y desestima otros espacios: “En cambio, no nos gustó nada Armenia. Me parece una ciudad prescindible. En teoría hay muchos atractivos turísticos. Nosotros llegamos a la plaza Simón Bolívar, allí hay la catedral, edificio de estilo moderno, y algunas estatuas, nada del otro mundo”.
Por supuesto este escrito –que por su forma permite inferir que lo elaboró una persona educada–, alcanza a lastimar un poco el alma armenita.
Investigando un poco más sobre el asunto, se trata de una publicación realizada en un sitio web el 22 de agosto de 2019, algunas cosas han cambiado desde ese tiempo, sin embargo, tiene razón el visitante en que la identidad turística de este territorio es imprecisa y todavía no hemos logrado expresar al máximo nuestro potencial.
Superada la susceptibilidad frente a esta mala impresión de la patria chica –tan amada–, es importante reflexionar sobre la manera en la cual podemos modificar ese concepto de “ciudad prescindible”, que podría saltarse en un viaje por la región, sin que existiera algo que se pudiera echar de menos. Debemos fortalecer lo que tenemos, crear nuevas opciones y ser una ciudad imprescindible –no solo para los que llevamos su nombre tatuado sobre la piel del alma, sino para todos–. ¿Qué hacer?
Primero. Consolidar el Mirador de La Secreta, lo cual constituye una claridad para el actual gobierno, en cabeza de José Manuel Ríos Morales, quien ha anunciado cuantiosas inversiones en este espacio y seguramente dejará como legado algo magnífico.
Segundo. Fortalecer el turismo cultural. Hay íconos, como el Centro de Documentación Musical del Parque Uribe, el Teatro Fundanza, el Museo de Arte Moderno Maqui -ubicado en La Estación-, Coffee Latin Arts y el Teatro Azul. Imperdibles, siempre vivos y vibrantes, con una programación increíble y gran compromiso de sus gestores para crear experiencias magníficas. Desde la gestión oficial debemos mejorar cada vez más estos sitios –y otros que seguramente escapan a este comentario–, para que pervivan, incrementen su oferta y sean destino obligado para los amantes del arte y la cultura.
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