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Coherencia y enfoque

Óscar Piedrahíta

lunes, 17 febrero 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Mucho se ha hablado, en medios tradicionales y en redes sociales, sobre el uso del avión presidencial para transportar a la familia del presidente Duque y a unos amigos de su hija, que vinieron a celebrar su cumpleaños en Quimbaya. También sobre el candente debate sostenido entre una reconocida periodista nacional y el jefe de prensa de la Casa de Nariño, donde simplemente, afloró la versión más agresiva de cada uno. 

Haciendo un análisis de conjunto, podrían plantearse desde la opinión, unas conclusiones.

Primera. En un país con tantos problemas sociales, políticos y económicos, es superfluo dedicar páginas completas de periódicos y revistas a disertar sobre el asunto. Se pregunta si es ético, o no, se dice que debieron viajar por otro medio, que pagamos los colombianos, que es abuso del poder… etcétera. Discrepo por varias razones: una, es lógico que la familia del presidente viaje en el avión dispuesto para sus desplazamientos. Es un tema de seguridad, obvio e indiscutible. Si su hija estaba acompañada de unos amigos, no veo en qué forma se genera un sobrecosto por incluirlos en un vuelo que ya estaba planeado. ¿se incrementaría el consumo de combustible por llevar a unos niños, en lugares que iban vacíos? ¿requerirían tripulación adicional para atender a los nuevos ocupantes? ¿se desgastaría más la aeronave por su presencia? son discusiones sin fondo y la energía gastada en ellas —y el tiempo—, deberían invertirse en pensar proactivamente en las soluciones a los grandes problemas nacionales. El cumpleaños de la hija del presidente y los detalles de su celebración, no son lo más grave de lo que debemos preocuparnos. 

Dos, pareciera que los hechos presentados son una excusa, para generar debate con un trasfondo político. ¡qué triste! Atacar a alguien con una cosa que nada tiene que ver, ni con su capacidad política y administrativa, ni con el balance de su gestión como mandatario.

Segunda. A lo largo de la historia, muchas personas ajenas a la Casa de Nariño han realizado viajes en vehículos oficiales. Ocurre también a nivel local, en los medios de transporte disponibles para congresistas, gobernadores, alcaldes, etc. Una cosa es que se desvíen recursos movilizando a particulares y otra que quienes les acompañan por alguna razón, tengan un espacio en el lugar en el cual se movilizan. Ha ocurrido y seguirá ocurriendo, entonces, o nos dedicamos a ocultar la realidad —según la conveniencia— o establecemos claridades sobre los límites de la ética pública y dejamos de hilar tan delgado en situaciones que no lo ameritan.

Tercera. El decoro, la cordialidad, las buenas maneras y el equilibrio, deben ser compromisos de todos, más de quienes son visibles ante la sociedad. Con respeto —y admiración previa por los involucrados—, qué decepcionante asistir a intercambios de palabras bochornosas, eventos de agresividad y ofensas mutuas, inconducentes, que de alguna manera reflejan el grado de violencia que todavía palpita en esta patria dolida por la guerra. 

Un llamado a estos notables, expresaron niveles bajísimos de habilidades sociales e inteligencia emocional.

Debemos ser más enfocados en aquello a lo que dedicamos la atención y más coherentes, pues como diría la Biblia: “El que esté libre de pecado… que tire la primera piedra”.


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