Aparte de parar escobas tras las puertas o de conjuros mágicos, existen fórmulas efectivas para alejar visitas no deseadas. De eso sabemos bastante en el vecindario. Por absurda ocurrencia o permisión de funcionarios en dudosa condición mental —convendría identificar los responsables directos—, se ocasionó, durante gran parte de la mañana y mediodía del domingo anterior, predios de Calarcá, un caos de colosales proporciones en el tránsito vehicular nacional.
Por increíble que pueda parecer a propios y extraños, en pleno inicio de la breve temporada vacacional escolar y de las fiestas aniversarias locales, Reinado del Café incluido, cuando ciudad y región —ejes del sistema vial colombiano— esperaban recibir multitud de visitantes nacionales y del exterior, justo en mitad del puente festivo, tras sortear en días anteriores consabidos atascos vehiculares en inmediaciones de La Línea, las autoridades practicaron el cierre de las principales vías urbanas y de las troncales nacionales que cruzan el municipio, con el insólito pretexto de realizar una competencia ciclística. Ciudad, región y gran parte del país, permanecieron bloqueados durante varias horas, en kilométricas filas de espera en todos sus accesos y salidas, por cuenta de una decisión asociada con las fiestas calarqueñas, lo cual deja en quienes debieron soportar, además del torturante plantón, pérdidas económicas y penosas consecuencias, el más negativo recuerdo de nuestra Villa. Obstaculizar en simultánea, vías de la importancia de la troncal de occidente, de la Autopista del Café, del corredor vial al norte del Valle, por motivos grotescos, es, cuando menos, una intolerable falta de respeto al derecho de libre movilización de la ciudadanía, consagrado en la Constitución y la ley. Puestos en el lugar de los perjudicados, lo último que se nos podría ocurrir, sería hacer presencia turística en una región que de ese modo hostiliza a sus visitantes o transeúntes.
No es, por desgracia, una trivial y aislada anécdota. En la cotidianidad, acceder a predios quindianos se convirtió hace tiempo en riesgosa y onerosa aventura. La siembra de peajes de alto costo, los continuos inconvenientes en las vías, la competencia obligada con el transporte de carga, son factores disuasivos para el eventual interesado en el turismo Eje Cafetero. Razón de sobra tiene Iván Restrepo, cuando enumera inconvenientes, aunque faltan varios más, que explican las bajas tasas de ocupación hotelera en la región, según datos de Cotelco, tendencia no revertible a corto plazo. No ha demostrado ser el turismo la panacea social y económica que algunos imaginaron cuando se desató el interés por el paisaje cafetero y sus atributos. Sin embargo, es de hecho una actividad que aporta de manera significativa al PIB regional. El esfuerzo de las administraciones departamental y municipales tendría más sentido y eficacia si se orientaran a exigir del gobierno nacional celeridad en las soluciones viales y aeroportuarias necesarias. Cualquier empeño en fortalecer el turismo receptivo naufraga ante la perspectiva actual.
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