Son bien difíciles de entender por naturaleza, tantas contradicciones en las que incurrimos los seres humanos en nuestra lucha por la supervivencia diaria y en las que caemos muy fácilmente, “hasta el punto que podemos vivir en continua contradicción con nosotros mismos sin tratar de corregir esta falta de coherencia”, de acuerdo con lo que … Continuar leyendo
Son bien difíciles de entender por naturaleza, tantas contradicciones en las que incurrimos los seres humanos en nuestra lucha por la supervivencia diaria y en las que caemos muy fácilmente, “hasta el punto que podemos vivir en continua contradicción con nosotros mismos sin tratar de corregir esta falta de coherencia”, de acuerdo con lo que plantea el sacerdote misionero Isaac Riera Fernández.
Son muchos los ejemplos concretos que con buena razón plantea, pero hoy quiero hacer referencia a un tema que ha sido centro de análisis y controversias desde antes y después del ascenso, por decisión de una mayoría simple, al poder, de un gobierno de izquierda, con tendencia hasta el socialismo, comunismo, progresismo y demás connotaciones similares como ha sido identificado por las diferentes corrientes políticas, sociales y de opinión. Son conocidas las experiencias vividas en los países con tendencias similares, las consecuencias sobre sus economías y padecimientos de su población, en particular de la clase media que ha debido buscar nuevas oportunidades en otros lugares, pues por obvias razones es la que en última resulta ser la mayor damnificada.
Ahora que está en boga el tema de la salud con la reforma que al parecer finalmente será presentada al Congreso este lunes, no falta como en otras instancias del gobierno, el inevitable cambio a su propuesta que en calidad de candidato anunció en campaña, de acabar las EPS para asumir directamente el manejo de la salud en Colombia, al conocerse a través del actual ministro del Interior, que no serán finalmente eliminadas, mientras se sometan al nuevo modelo que estarán proponiendo. Y en reunión del pasado jueves con representantes de tales entidades, el presidente se mostró, según su tweet, satisfecho manifestando que las EPS son conscientes de la necesidad de implementar un nuevo modelo de salud preventiva y atención primaria. Queda no obstante pendiente el tema del manejo de los recursos, por un ente del sector público, como es la Adres, Administradora de Recursos del Sistema de Seguridad Social en Salud, para que sea la que les gire directamente los pagos a las entidades prestadoras del servicio. Sobre esto, la ex ministra de salud, Beatriz Londoño, ha puesto en duda la capacidad del Estado para asumir esta función. Y en concepto de otros expertos, puede representar el comienzo del fin de las EPS.
Lo más claro en todo este proceso de preparación del proyecto de reforma a la salud, es la falta de comunicación, claridad y coordinación con los sectores directamente comprometidos con este tema, incluidos los gremios de profesionales, los usuarios, los operadores, la comunidad en general e incluso el sector político, lo cual, como suele suceder, se presta para todo tipo de especulaciones, conflictos, incertidumbre y malos entendidos. Ya por lo menos se dice que la reforma busca construir sobre lo construido, según la minsalud y ojalá así sea, antes que derrumbar un sistema que si bien presenta graves falencias, en especial lo referente a los servicios especializados y de suministro de medicamentos por el mal funcionamiento de varias EPS que ya han sido liquidadas, y resultante de esta depuración va operando cada vez mejor con las más eficientes, aunque queden asuntos por mejorar, como su sistema de comunicación, coordinación, relación con las IPS y usuarios en general, entre otros. Finalmente, esperemos que las reformas no se impongan mediante peligrosas confrontaciones populistas.
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