Estos últimos quince días han sido trágicos para muchos colombianos, no han podido recibir los medicamentos que fueron recetados por sus prestadores de salud.
En eventos como la diabetes y enfermedades que requieren de medicamentos de costos importantes, no se ha entregado lo prescrito porque no hay suministros, y tendrán que recurrir a costearlo con el 20 por ciento, por lo menos de su exigua pensión o ingreso.
Los médicos y los operadores en general de la salud en Colombia, o al menos en gran parte del país, de algunas clínicas, ven con preocupación que sus salarios no se pagan o los despidos están al orden del día, así como la cancelación de prestación de servicios o cierre de clínicas, todo ello en detrimento del sector y de la salud de todos.
Y no solo es la realidad cruda de algunas EPS, el aumento de oferta de servicios de medicina particular es la premonición de volver a que la salud se convierta en un privilegio para quien pueda pagarlas y se pierda el principio de la Universalidad del que nos sentíamos orgullosos los colombianos.
La intervención del Estado en algunas entidades que regentan los servicios, se vio por muchos como una oportunidad de mejorar el sistema que tanto hemos criticado, por la corrupción y deficiencias que aspirábamos se corrigieran. Hoy parece que el remedio fue peor que la enfermedad. Los afiliados a la Nueva Eps están hoy sin medicamentos, las citas distantes, las intervenciones son una ilusión. Ya ni colas para la entrega de medicamentos existen, pues no los hay.
Dicen en el sector que cada día se pauperiza más la prestación del servicio porque la tarifa establecida no está acorde con los costos. Muchas IPS han salido del sistema afirmando que no es viable y que el giro de recursos es irregular, y no garantiza la estabilidad de las empresas. Ahora, las deudas con entidades públicas y privadas son de miles de millones, hasta se ve llorar a médicos y administradores con la falta de insumos para atender las urgencias. Así y todo, no se ha cumplido la sentencia que obliga al pago de las unidades a un valor real. Todo conlleva al caos y un futuro oscuro para la salud de los colombianos.
Si bien el sistema requería de reformas, unas de fondo en la administración de recursos y otras en la calidad y atención, el ciudadano hoy compara, y recuerda con nostalgia lo que ayer teníamos. Al hombre de a pie no le interesa el debate filosófico sobre la salud, no le importa las coaliciones o enfrentamientos entre ejecutivo y congreso. El paciente solo entiende su realidad. El usuario exige el servicio por que así lo determinó la constitución.
Ya viene un plantón, y es el resultado de acumulación de decepciones, molestias, desesperanza, y preocupación por lo que en el futuro espera a la salud de cada uno, que ya ni con tutelas pueden exigir. No será de poca monta la protesta, si bien no saldrán muchos a la calle, en el silencio de su habitación estarán con la tristeza que hoy tengan que salir muchos a pedir por su salud, que consideramos un derecho fundamental.
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