Me preguntaban, en mi experiencia como gestor cultural, cómo nos ha ido con los gobernadores del Quindío. Fui a los meandros de mi memoria, y casi nada encontré, toda vez que pocos políticos tienen a la cultura como un asunto importante.
No entienden, y solo se rodean de comités de aplausos para inflar sus egos.
¿Ese Consejo de cultura actual no comprende sus vergüenzas de callar y callar ante el desbarajuste y fracaso de la actual secretaría del departamento?
Había conciencia de la importancia de la cultura en el tiempo de Jaime Lopera Gutiérrez, obvio, de Julio César López Espinosa -demostrado con creces- y en el periodo del padre Carlos Eduardo Osorio, a pesar de algunas incongruencias en la gestión. Y la debacle total con Sandra Paola Hurtado -una gestora, digestora-, con Roberto Jairo Jaramillo, horror, y ahora con el arquitecto Galvis, que no sabe para dónde va en este campo.
Resulta que Roberto Jairo nos llevó al fiasco de poner al final a un candidato a la alcaldía de Quimbaya como secretario, y los recursos del sector, en parte, alimentaron esa postulación. ¿Y el Consejo de Cultura de la época?: calladito. Se vio feíto, pero se quedó calladito.
Ahora pasa lo mismo o peor. Nombró el señor Gobernador a Felipe Robledo porque su cacareada hoja de vida decía que pertenecía- ¿aún pertenece?: qué pena- a la Academia de Historia del Quindío.
Vean algunas perlas de Robledo: Ha maltratado, sin ton ni son, a los músicos profesionales del Quindío cuando los convocaron en 2024, en esa Secretaría, para una posible contratación, y nada serio pasó con el asunto. Algunos directivos de la banda, y otra vez ese Consejo de Cultura amañado, se silenciaron. ¿Es un rasgo identitario la sumisión extrema o es un deporte narciso y acomodado de algunos gestores?
Dijo también de la viabilidad de la construcción de la biblioteca departamental, y hasta ahora solo sabemos que nada sabemos del asunto. Esta obra, incluida por el gobierno de Gustavo Petro entre sus prioridades, aquí a pocos conmovió y a muchos otros, incluido al secretario actual, no les importó. Seguimos siendo uno de los pocos departamentos del país que no cuenta con este organismo ordenado por la ley.
Tal vez anda ocupado el secretario en la destrucción, sin compasión, de la BAQ, biblioteca de Autores Quindianos, con la más reciente edición de libros sin ningún rigor y con un diseño pobre. En la pasada vigencia, fueron publicados libros sin el número de páginas completo. ¿Dónde andaba o dónde anda el consejo de Cultura mientras el secretario juega a su retórica vacía y finiquita el proyecto editorial, público, más importante del país?
Los procesos formativos, un gran avance, van sin ninguna dirección, porque en esa secretaría, como ya es leyenda, nombran gente sin conocimiento del sector, y poco a poco muere la oferta de educación artística en las instituciones. Ya no hay un coordinador de procesos artísticos, y si bien permanecen algunos docentes muy competentes no hay una conceptualización explicita para saber hacía donde vamos.
La secretaría de cultura parece, es, un trampolín politiquero.
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