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De campeón a campeón

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 31 julio 2019

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Muy a pesar del ruido, de la oportunista alharaca de medios de comunicación y redes sociales, no parecen hacerse debidas ponderación ni reconocimiento al logro de nuestro joven compatriota, Egan Bernal. 

Desde la perspectiva de alcance internacional, ganada durante más de un siglo de vigencia por la vuelta ciclística francesa, máxima prueba por etapas del circuito anual, la hazaña cumplida por él, por su equipo de alta competición, por sus coterráneos, Urán y Quintana, ubicados en el grupo de los diez primeros, constituye, no solo el mejor resultado en el top del ciclismo orbital, sino el más importante hito en la historia del deporte colombiano. Ahora, como gesta de esfuerzo prolongado en el tiempo, fruto de años de preparación, aprendizaje, sacrificio, el logro de Bernal adquiere su mayor relevancia. Digámoslo sin ambages ni atenuantes: ningún título, medalla, presea, obtenidos por nuestros connacionales, puede equipararse en mérito y trascendencia a la victoria en el Tour de Francia.

Valorarlo en su real dimensión, obliga al repaso del pasado, de los antecedentes que lo hicieron posible y a la proyección futura, constructiva, del glorioso acontecimiento. Quienes arribamos o estamos próximos a hacerlo, al sexto, al séptimo u octavo piso, fuimos testigos, gozosos aficionados, en el más pasivo de los casos, emocionados oyentes, de trasmisiones radiales que relataban las ‘dobles’, los clásicos, las vueltas a Colombia de jóvenes y consagrados, en la voz de narradores, comentaristas o promotores comerciales, a partir de la década de los cincuenta del siglo anterior, cuando la iniciativa deportiva de Efraím Forero, la comercial y periodística, en cabeza de empresas como Avianca, Flota Mercante Grancolombiana, Bavaria, entre otras, convergieron para emular las competencias europeas, por entonces ya consolidadas. Descollando como el mejor —hasta su retiro de las lides radiales—, decano de la narración deportiva en Colombia, Carlos Arturo Rueda Calderón, el inolvidable ‘Campeón’, ‘el colorado’, nativo de Costa Rica, antes de sus veinte años, tras breve paso por la radio en Venezuela, afincado para siempre entre nuestras cordilleras, costas, selvas y valles, narró, recreó, fabuló, apodó, disímiles eventos deportivos, pero sobre todo el natalicio y desarrollo de la actividad ciclística, hasta alcanzar el clímax de los años ochenta, cuando muy adelante del fútbol, las competencias nacionales e internacionales del pedal, erigieron al ciclismo como el deporte nacional. Al Campeón, a quienes lo emularon y secundaron, entre estos, con temor a omitir nombres fundamentales, Héctor Urrego, Piedrahíta Pacheco, Moncada Campuzano, o aún lo hacen desde diversos medios, el auge ciclístico actual les debe bastante. De sus gargantas brotó el oportuno y vehemente estímulo para generaciones sucesivas de aficionados y practicantes del ciclismo deportivo; allí anidaron sueños de realización y triunfo, brillantes carreras individuales y de equipos. Quien desee abordar como objeto de investigación la presencia social del biciclo en Latinoamérica, tendrá que detenerse con especial rigor en el caso colombiano. 


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