Entre la extensa lista de choques contra todo y contra todos, de conflictos éticos y comisión de posibles delitos, protagonizados por el presidente y su círculo próximo, el caso Benedetti- Saravia, revela a qué abismos de degradación en el ejercicio del poder hemos caído en la era Petro. En cualquier país digno, ceñido a principios … Continuar leyendo
Entre la extensa lista de choques contra todo y contra todos, de conflictos éticos y comisión de posibles delitos, protagonizados por el presidente y su círculo próximo, el caso Benedetti- Saravia, revela a qué abismos de degradación en el ejercicio del poder hemos caído en la era Petro. En cualquier país digno, ceñido a principios de justicia en democracia, ante un hecho semejante, tendrían que darse un fuerte rechazo popular y la exigencia de juicios penales veloces y ejemplarizantes. Sin embargo, en Colombia pasan los días, corren los meses, aparecen nuevas y concluyentes evidencias del caudal de dineros mal habidos que arrastró la campaña electoral del “pacto histérico” en 2022, con Gustavo Petro a la cabeza; pero lejos de verlos sometidos a investigaciones, a procesos, en juzgados o tribunales, los involucrados continúan ostentando mayor poder y cínico control de la situación que antes de difundirse audios e indicios delatores.
La desvergüenza de quien nos gobierna es realmente pasmosa, retadora para la institucionalidad. Llegar al extremo de “inventar” una embajada con sede en Europa, a costo inverosímil, con cargo al erario y a favor de un adicto sin remedio ni escrúpulos, sin calificación profesional o intelectual, de ínfimo valor humano y alta capacidad de daño social, cediendo al chantaje varías veces planteado, a vista y oído público, de revelar la trama delictiva que llevó a la presidencia a un malhechor impune, si no se cumplen sus exigencias, es un hecho insólito, sin antecedentes en Colombia, aberrante, ignominioso. Se tocan extremos, cuando el premiado con el cargo declara a la prensa, léase bien, ¡sentirse víctima de traición por parte del presidente y su segunda a bordo!! Ni más ni menos, un chantajista actuante, infraganti, enemigo del presidente, es nuestro embajador en la FAO. Si en el código penal no se tipifica este delito, si no hay castigo para las dos partes, tendremos que concluir que tal como viene ocurriendo con indultos, amnistías, pactos y demás subterfugios, estamos a merced de la delincuencia y la impunidad.
Escrito lo anterior, estalla el escándalo de la danza de millones en la UNGRD. A primera vista, conocido el entramado y sus protagonistas, se trata apenas de la punta de un colosal iceberg de corrupción, soporte del gobierno Petro. Apenas uno entre cientos de nidos de ratas, cada día mejor organizados para cumplir la misión encomendada por el jefe máximo: quebrar el país, someterlo al imperio del crimen, de la maldad en su más lograda expresión. Lo divulgado hasta ahora deja muchos más interrogantes que certezas. ¿Qué volumen de recursos ha manejado la entidad durante el gobierno Petro? Además del contrato de los carrotanques para La Guajira, ¿qué otros se suscribieron; cómo y quiénes manipularon los dineros? ¿Es creíble que lo entregado por Pinilla a los presidentes de Senado y Cámara bastó para “comprar” votos a favor de las reformas? ¿Cómo fue la distribución final del cash? Reitero, la inculpada por ahora es apenas una entre cientos de entidades. ¿Intuye la opinión pública el destino final de la reforma tributaria Petro que ralentizó la marcha económica, preludio del zarpazo final?
Y, ¿qué declara nuestro encachuchado mandatario al respecto? Que sOlo ve a unos “cachacos” robándose la plata de los guajiros. ¡Qué tal! Ladrones y bufones. Además de realizar un festín de fajos haciendo gala del consabido cinismo zurdo, lo ridiculiza, lo intenta reducir a anécdota, enfrentando de paso a cachacos y costeños. Mayor bajeza, bellaquería más ramplona, imposible.
Prueba de fuego para una fiscalía en entredicho.
- Temas relacionados :
