Imposible trazar un paralelo entre los gobiernos de Javier Milei y Gustavo Petro. Igual entre sus agendas internacionales, surtida la del presidente argentino, en corto lapso, de encuentros directos con los primeros mandatarios de China, Xi Jinping, e India, Narendra Modi, en el marco de la reunión del G 20, en Brasil, dos semanas antes; … Continuar leyendo
Imposible trazar un paralelo entre los gobiernos de Javier Milei y Gustavo Petro. Igual entre sus agendas internacionales, surtida la del presidente argentino, en corto lapso, de encuentros directos con los primeros mandatarios de China, Xi Jinping, e India, Narendra Modi, en el marco de la reunión del G 20, en Brasil, dos semanas antes; de igual forma y a solicitud del recién ungido, con nadie menos que el presidente electo de Estados Unidos, gústenos o no, potencia líder del orbe, quien lo distinguió como el primer conductor de un país en ser su huésped e interlocutor; con Giorgia Meloni, Emmanuel Macron, jefes de Estado de Italia y Francia, recibidos en la Casa Rosada; meses antes con Netanyahu su par de Israel, con quien firmará en breve un tratado bilateral de amplio espectro, reafirmando vínculos; con Nayib Bukele, similar de El Salvador. Sin contar cercanías de valor estratégico para una nación en reconstrucción, entre otras con Elon Musk, e inversionistas globales de primer nivel. No, resulta francamente imposible equiparar semejante protagonismo y despliegue diplomático, por ende mediático, en el plano mundial, de Milei, con los patéticos gimoteos de nuestro adictócrata, reclamando atención de los medios a supuestos cruces de palabras con aquel, en algún pasillo del G 20, o enviando patéticos mensajes escritos a Trump para intentar forzar una respuesta que lo salve de la insignificancia.
¿Qué factores inciden en el afán de diálogo y amistosa relación de sus colegas del orbe, con el gobernante de Argentina, una nación, hasta el año anterior víctima de letales desvaríos, del más corrupto e inepto populismo de izquierda, que como siempre ocurre donde accede al poder, solo dejó ruina, miseria, fondos públicos saqueados, hiperinflación, cuentas macroeconómicas en rojo? ¿Acaso el singular perfil humano del libertario ex rockero y ex arquero de fútbol, melena leonesca, formal indumentaria, probada autoridad en temas económicos, destemplados gritos frente a atriles y micrófonos?; ¿quizás sus maneras de disruptivo outsider en permanente riña contra la casta política peronista-Kirchnerista, culpable directa de la postración social y económica de su país? Desde luego cuenta la popularidad, la aceptación ciudadana mayoritaria hacia un mandatario, en la percepción de sus iguales; aunque el entusiasmo que despierta Javier Milei entre colegas, dirigentes de alto nivel y líderes globales, tendría que ver sobre todo con sus espectaculares logros durante escasos once meses al frente de los destinos de la patria de San Martín, de Alvear y Belgrano. No me equivoqué cuando mucho antes de iniciar su meteórica carrera política, en este mismo espacio, osé predecir aquello que los hechos vienen confirmando.
Quienes algo entendemos acerca de la complejidad del manejo económico-social, de la imposibilidad que plantea corregir toda una estructura y mecánica legal, normativa, prácticas, usos, mentalidades, establecidas, instaladas en la cotidianidad de un Estado y de sus instituciones, en brevísimo lapso, cuidando al tiempo la legalidad y la efectividad concurrentes en cada medida, respetando formas e instancias, armonizando con el sentir, con la percepción popular, sustento indispensable de la gestión, no salimos del exultante entusiasmo y asombro.
Pasmo que crece al comprobar mediante cifras el creciente y mayoritario apoyo de sus compatriotas, pese a la cuota de sacrificio que continúan aportando al doloroso proceso de ajuste.
Para desespero de la zurdoesfera, el fenómeno Milei avanza a gran velocidad hacia el imparable milagro Milei. Celebramos, envidiándolo, el trance actual de la nación austral, su reinserción a las corrientes económicas-políticas correctas que marcan dirección y ritmos hacia el futuro del mundo.
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