Saltar al contenido

Desear en silencio

Mauricio Hernández

miércoles, 24 julio 2024

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Antes de que la soples —dijo con voz tenue mi madre— piensa en algo que quieras. No lo vayas a decir en voz alta. Solo deséalo con todas tus fuerzas y, cuando la apagues, pronto se te cumplirá lo que pediste. Así que pensé en qué quería y luego soplé la vela. Se apagó y … Continuar leyendo

Antes de que la soples —dijo con voz tenue mi madre— piensa en algo que quieras. No lo vayas a decir en voz alta. Solo deséalo con todas tus fuerzas y, cuando la apagues, pronto se te cumplirá lo que pediste. Así que pensé en qué quería y luego soplé la vela. Se apagó y el olor de pábilo quemado quedó conmigo hasta el sol de hoy. 

En silencio, deseé que para el siguiente año mi madre no tuviera que padecer las angustias de pedir prestada una batidora para hacerme una torta de cumpleaños. No quería sentir en ella ese sobreesfuerzo para verme feliz. Además, aún recuerdo su cara de tragedia porque se había quemado parte del pastel. Por eso, soplé con tal fuerza, anhelando momentos únicos más que ponqués. 

En ese entonces, cumplía cinco años, lo que hace que este sea uno de mis recuerdos más lejanos. Y lo traje a memoria luego de leer a Antonio Carreño cuando se refirió a los deseos: “El problema de los deseos es que, desde niños, nos han enseñado a ocultarlos para que se cumplan”. 

Cuánta razón hay en estas palabras nombradas, así como en las que callamos al desear, al anhelar, al querer intensamente algo. Y en nuestra cultura, muy arraigada, está la costumbre de hacerlo en secreto, de no pronunciar lo que hay adentro con el propósito de que se cumpla. Todo un rito de ratificación debemos de hacer para que lo pedido en el pensamiento se refleje en nuestra próxima realidad. 

Al crecer, continuamos con esta práctica, claro que ya un poco más abiertos a contarlo. En el fondo, a veces sin tanta conciencia, nos damos cuenta que es más propicio para nuestra vida el nombrar para que exista. Y esto no va en detrimento del desear. 

De hecho, anhelamos mirando hacia el cielo. Vemos en el firmamento un espacio inmenso en donde caben nuestros deseos. O, quizá, percibimos y materializamos el abstracto e inmaterial tiempo que atraviesa nuestro existir. Algún día se hará realidad, nos decimos. Y luego inhalamos y exhalamos profundamente como si estuviéramos poniéndole puntos suspensivos a lo que vendrá. 

La palabra “deseo” viene del latín “desidium”, al cual se le añadió el verbo “desiderare” y este puede estar relacionado con contemplar los astros. Por eso miramos las estrellas, contemplamos nuestros deseos y dibujamos imágenes de personas que amamos; fabricamos bienes que soñamos, como una casa en la que queremos pasar el resto de nuestros días; delineamos trabajos y profesiones; pintamos momentos únicos con nuestros hijos; y hasta bordeamos las fronteras de los lugares que queremos recorrer.

Todo cabe en esta gran capacidad que tenemos de imaginar, de soñar lo que queremos ser y hacer. Por eso, todo acto de desear debería estar precedido por el contar, por el apalabrar lo que queremos, confiando en que la fábrica de realidades depende de nosotros mismos y no de lo externo. Sigamos deseando en silencio, pero con prontitud, démosle vida a través de las palabras.
 


  • Temas relacionados :

junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
Noticias relacionadas