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Día del hombre 

Óscar Piedrahíta

lunes, 21 marzo 2022

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Sin flores, con menos dulces y baja circulación de mensajes, transcurrió el Día del Hombre, poco tiempo después de aquel dedicado a la mujer. El 8 de marzo no debería estar signado por rosas, globos y chocolates, porque lo que se conmemora en nada tendría que enorgullecernos. En esta fecha, en 1908, un grupo de … Continuar leyendo

Sin flores, con menos dulces y baja circulación de mensajes, transcurrió el Día del Hombre, poco tiempo después de aquel dedicado a la mujer. El 8 de marzo no debería estar signado por rosas, globos y chocolates, porque lo que se conmemora en nada tendría que enorgullecernos. En esta fecha, en 1908, un grupo de obreras ocupó una fábrica de Nueva York demandando un horario de 10 horas diarias (hasta entonces era de 16). La respuesta fue brutal: mandaron a quemar el local. Murieron 129 mujeres. Sin embargo, han surgido otras versiones, todas relacionadas con la lucha femenina por consolidar la igualdad entre los sexos. El Día Internacional de la Mujer empezó a conmemorarse por la ONU en 1975.  

Está bien que exista una fecha para entregar detalles y que sigamos avanzando en procura de lograr una participación más igualitaria en todos los ámbitos de la sociedad, en especial, a nivel laboral, económico y político. 

Por su parte el Día Internacional del Hombre fue establecido en 1992 en Estados Unidos para resaltar el papel masculino en la sociedad, promover la igualdad de género, la paz, equidad, tolerancia y entendimiento. Esta fecha debe permitirnos reflexionar (como diría el inolvidable humanista Carlos Mario Álvarez Morales, desde la inteligencia compartida), en torno al papel de los hombres en la comunidad. 

Primero. Les corresponde ser columnas en sus hogares. El papel del esposo y padre es fundamental en una familia. Como compañero de la mujer debe ser firme, valiente, audaz y leal, para proteger y brindar su mano fuerte como sostén y guía. Un buen esposo es – como lo fue San José, padre terrenal de Jesús – un bastión ante las pruebas que se plantean a las familias. Además, el papel como dador y destinatario de amor, afecto, ternura y pasión; complementa lo femenino y se convierte en un aliciente y generador de ilusión y dicha para la sensible alma de la mujer. 

Segundo. Están llamados a forjar el principio de autoridad y el hábito de la disciplina durante la crianza. Muchos hombres – por razones diversas – eligen declinar el rol que les corresponde en la crianza. Abandonan a mujeres embarazadas o con niños pequeños – que son también suyos – o se van del hogar, a veces seducidos por la novedad. Lamentable decisión, porque más allá de la “búsqueda de la felicidad” como derecho, están la inconstancia, inconciencia y debilidad en el carácter, que rompen hogares y crean ausencia masculina. 

Tercero.  Poseen talento para la visión y el liderazgo. Las mujeres somos buenas en cargos directivos, por la honestidad, orden y sensibilidad que nos caracterizan, sin embargo, los hombres son excelentes en el liderazgo, emprendedores y visionarios, competentes. Eso hace que sean buenos para dirigir y proyectar. 

Cuarto. Deben ser baluartes de integridad. Hoy, en medio de una emergencia ética, requerimos seres humanos – hombres y mujeres – comprometidos con la rectitud en el actuar. No más escándalos de robo, fraude, engaño y corrupción. Debemos regresar al sentido del honor y el buen obrar. Que los hombres sean de nuevo – como lo fueron muchos abuelos y padres –, referentes de virtud y fuente de buenos ejemplos. 


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