En este mes de abril hemos celebrado fiestas significativas: día de los niños, día de la tierra, día nacional de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas del conflicto armado, día de la tierra, día del idioma; fechas memorables que deberíamos enaltecer y aprovechar como ciudadanos para reivindicarnos y hacer compromisos que nos concienticen … Continuar leyendo
En este mes de abril hemos celebrado fiestas significativas: día de los niños, día de la tierra, día nacional de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas del conflicto armado, día de la tierra, día del idioma; fechas memorables que deberíamos enaltecer y aprovechar como ciudadanos para reivindicarnos y hacer compromisos que nos concienticen sobre nuestra misión y responsabilidad con la naturaleza, con nosotros mismos, con los demás. La obra de la creación es una obra perfecta, pues Dios no crea imperfecciones, pero, el ser humano, con su libre albedrío, va deteriorando y desfigurando esa obra. Como rezamos en el salmo 8: “¿Qué es el hombre para que te fijes en él, el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y majestad, todo lo sometiste bajo sus pies”. Es decir, Dios en su infinita bondad nos ha entregado esta obra inmensa y maravillosa para que la custodiemos. Sin embargo, muchos han querido apropiarse de esta obra, usurpando el puesto de Dios y pretendiendo ser ‘dioses’; se han querido adueñar de las tierras y cultivos, poniendo en riesgo el ecosistema; muchos de nosotros seguimos contaminando los ríos, arrojando basuras al piso, contribuyendo con el despilfarro de toneladas de comida, mientras miles de millones de personas en el mundo no tienen nada qué comer. Algunos de nosotros seguimos enredados en nuestro propio mundo, construyendo escenarios de narcisismo, haciendo que el mundo gire a nuestro alrededor y pretendiendo convertirnos en los ‘poderosos’ del mundo. Cuánto daño hace un mandatario que perjudica la tierra, que limita la libertad, que atenta contra la verdad, que desfigura la institucionalidad, que elimina el pensamiento y obstruye el desarrollo integral de las personas, sumiéndolas en la más ignominiosa pobreza material y espiritual, mientras él y los vasallos del poder llenan sus bolsillos del dinero que detestan porque proviene ‘supuestamente’ de otros imperios. Cuánto daño se hace a la sociedad, menoscabando la integridad de los valles, cultivos y paisajes, con la tala indiscriminada de bosques, el maltrato animal y la comercialización de especies en vías de extinción. Cuánto daño hacemos a la tierra con nuestra indiferencia, con nuestro despotismo y nuestra inconsciencia frente al cuidado de la casa común. Cuánta confusión social, cuando irresponsablemente nos dejamos llevar de noticias falsas, hacemos mofa de la mujer, la cosificamos y convertimos en objetos sexuales; cuánta irreverencia contra el lenguaje cuando preferimos el doble sentido a la delicadeza, la vulgaridad a la finura, el recorte de las palabras a la buena gramática, los emoticones a las palabras. Cuánto daño seguimos haciendo ignorando la historia patria, que ya no se orienta en las instituciones educativas, alejados del verdadero civismo y desorientados por el olvido, mientras miles de hermanos mueren víctimas del conflicto armado o son desplazados por la violencia, pisoteados por el abuso infantil, ignorados socialmente, confinados por la violencia intrafamiliar e interpersonal. Es hora de levantarnos y no quedarnos simplemente con el recuerdo de unas fechas memorables sino, celebrarlas con todo lo que ello significa: el valor de la tierra, el cuidado de nuestro lenguaje, la custodia de nuestros niños, el homenaje a las secretarias(os), por su dedicación, compromiso y profesionalización. Si deseamos construir una paz estable y duradera, debemos comenzar con acciones sencillas como hacer memoria del pasado y encender una luz en medio de la oscuridad, con el compromiso de no repetir la historia y no aportar al recrudecimiento del dolor con nuestras actitudes egoístas. Reconocer que Dios nos ha dado la vida, nos ha invitado a ser comensales de este mundo sorprendente y junto a nosotros, ha colocado personas maravillosas que debemos valorar, sintiendo que somos hermanos llamados a la solidaridad y el amor fraterno que han de brillar como estrellas esplendorosas que nos guía a la paz y la serenidad. Hay mucha turbulencia en los corazones de los hombres y mujeres de nuestra sociedad y en esta Pascua, Jesús nos invita a acercarnos a Él, para apaciguar nuestros ánimos y ser testigos de su amor. Hoy el mundo más que defensores necesita testigos y tú y yo podemos serlo, asumiendo con tenacidad el compromiso de ser profetas de esperanza y defensores de la vida. ¡Feliz día!
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