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¡Dichosos los pobres!

Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez

domingo, 20 noviembre 2022

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

El domingo 13 de noviembre se celebró la jornada mundial de los pobres; fue la sexta versión de esta jornada instituida por el papa Francisco, iniciativa que se remonta al 2016, cuando concluía el año de la Misericordia y que incluye acciones concretas, promovidas por el Dicasterio para la evangelización, desde atención médica gratuita hasta … Continuar leyendo

El domingo 13 de noviembre se celebró la jornada mundial de los pobres; fue la sexta versión de esta jornada instituida por el papa Francisco, iniciativa que se remonta al 2016, cuando concluía el año de la Misericordia y que incluye acciones concretas, promovidas por el Dicasterio para la evangelización, desde atención médica gratuita hasta entrega de alimentos, enseres y pago de facturas.

“Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia. Será una jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa, no podrá haber justicia ni paz social”, dijo el papa Francisco.

En esta oportunidad, el mensaje del papa toma como texto bíblico la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 8, 9: “Jesucristo se hizo pobre por ustedes”. En el mensaje el papa advierte que meses atrás habíamos vivido los rigores de una pandemia y empezábamos a salir de una crisis económica mundial, ‘se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor de la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones’, pero apareció en el contexto sociopolítico una nueva pandemia: la guerra en Ucrania, con la intervención de una superpotencia y se cuestiona el papa: “Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra”.

Pues la violencia genera más violencia y la pobreza crece por el rigor de la guerra, que lleva consigo desplazamiento, desarraigo de la tierra, miedo, escasez de alimentos, indigencia. En este sentido, el papa pone de relieve lo que muchos países han hecho para contrarrestar estos fenómenos y elogia a las poblaciones que han abierto las puertas para acoger a los refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania.

A la vez es consciente de las limitantes de los mismos pueblos para garantizar la continuidad en esta ayuda, por lo que siente cada vez más el peso de una situación que va más allá de la emergencia. De aquí se desprende el ímpetu de una solidaridad que debe ser concreta y evidente, que lleve a compartir y a unirnos en medio del dolor y sufrimiento de nuestros hermanos. Al respecto el papa dice: “como cristianos encontremos siempre en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento de nuestro ser y nuestro actuar”. 

En el mensaje, el papa advierte sobre un peligro y es caer en la retórica: “frente a los pobres no se hace retórica, sino que se ponen manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar a nadie”. Podríamos preguntarnos: ¿cuál es nuestra actitud ante los pobres? Podemos tener un hermoso discurso y quedarnos en la demagogia, como lo advertía el mismo papa en Frateli Tutti, tener una política pública para los pobres sin pobres. “Es urgente encontrar nuevos caminos que puedan ir más allá del marco de aquellas políticas sociales «concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos» (Carta encíclica Fratelli tutti, 169). Asimismo, podemos llegar a tener una pastoral social para los pobres sin pobres; la retórica hace daño y hace ruido, sin embargo, no hace bien, pues tendremos siempre el peligro de creer que estamos trabajando por los más pobres al delegar acciones en terceras personas pero sin untarse; la invitación del papa a los sacerdotes y obispos es a “oler a piel de oveja”, lo que significa, comprometerse, estar con los pobres y decididamente, ser testigos del amor de Dios ante los más necesitados. 

No podemos caer en el discurso politiquero y en las políticas sociales que refieren un alto porcentaje del presupuesto para la inversión social, pero, el recurso no llega a los más desvalidos, quedándose muchas veces en burocracia. De ahí la insistencia de evitar caer en el asistencialismo, lo que se requiere es hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario; no hay que dar el pescado sino enseñar a pescar, reza un adagio de la sabiduría popular. El papa nos recuerda que “la pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada sin futuro”. Y Luego, cierra diciendo: “la pobreza que libera, en cambio es la que se nos presenta como una elección responsable para aligerar el lastre y centrarnos en lo esencial”. Finaliza haciendo énfasis en el texto del apóstol Pablo: “Jesucristo se hizo pobre por ustedes”. Les invito a todos a trabajar unidos para que este departamento del Quindío pueda seguir su curso sin pobres; sin asistencialismo, por la dignidad humana; sin protagonismo, con responsabilidad social.


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