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Discrepancia inflacionaria 

Alberto Arce Londoño

domingo, 3 septiembre 2023

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Es una realidad indiscutible que la inflación, que corresponde a la pérdida del poder adquisitivo del dinero, representa el más gravoso e inevitable de los impuestos que afecta en mayor proporción a las personas de más escasos ingresos económicos, por la creciente limitación que les representa para acceder a los bienes y servicios indispensables para su sostenimiento y de sus familias. 

De allí la necesidad que los gobiernos deban adelantar estrategias y políticas permanentes orientadas a controlar la aceleración de este fenómeno económico a través de medidas permanentes para controlar en especial los precios de los productos de primera necesidad, los costos del dinero, el gasto público y la operación de una sana política monetaria a través del Banco Emisor, controlando la excesiva circulación de efectivo en el medio, que tiende a estimular el consumo y por ende la elevación de los precios  lo cual, de acuerdo con los principios elementales de la Economía, son los mayores generadores de la inflación. Igualmente, estimular la producción y adecuado abastecimiento de tales productos básicos, pues bien, se sabe que la escasez, por igual genera elevación de precios, como factor adicional inflacionario. 

En nuestro caso de Colombia, sabemos que el Dane es la entidad encargada de generar el índice de inflación mes a mes, año a año y sus datos por lo regular siempre han dejado ciertas dudas con relación a la realidad que registran los hogares en la ejecución de sus presupuestos de ingresos y gastos que, según lo que se escucha en el argot popular, cada vez se torna más estrecho. En realidad, al acudir a hacer mercado, por ejemplo, es necesario disponer de mayor cantidad de dinero para comprar lo que normalmente se consume en el correspondiente período o simplemente limitar las cantidades y por ende bajarles a las comidas, aparte de renunciar a ciertos gustos como salidas a pasear, actividades sociales de integración, diversión, compras de vestuario, sus complementos y demás elementos personales. 

En resumen, al parecer las cifras presentadas por el gobierno a través de su entidad gestora de las estadísticas, no guarda relación con lo que viven las familias, de más limitada capacidad económica y cuyos ingresos son estables durante el año, mientras los egresos son cada vez más crecientes. Por esto, me ha llamado la atención el trabajo que desarrolla el profesor Steve Hanke de la Universidad John Hopkins de Estados Unidos, al medir la inflación en todo el mundo y cuyas cifras generalmente difieren de las cifras oficiales publicadas por los bancos centrales y los gobiernos. Por ejemplo, en la más reciente medición, Colombia mostró una sorpresiva y desconcertante inflación anual del 51%, frente al 11,78% que presentó nuestro reporte oficial. Una diferencia demasiado apreciable que bien debería constituir motivo de análisis y reflexión para quienes se encargan de este trabajo, pues alguna falla tiene que haber, sobre todo frente al comentario que tantas veces escuchamos de las amas de casa: “Donde será que mercan los funcionarios del Dane, a quienes al parecer les rinde tanto el dinero, al menos en sus análisis, no así en nuestro caso” 

Es la cruz que nos toca cargar atendiendo la invitación que hoy nos recuerda el Maestro Jesús, si queremos avanzar con Él en esta lucha diaria, para que se haga más llevadera y edificante.


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