No data de ayer la arremetida ideológica del revoltijo socialista-comunista contra las cándidas e inermes democracias del tercer mundo. Quienes en las décadas años setenta, ochenta, antes quizá, a partir de la guerra fría, poblábamos las aulas universitarias de Latinoamérica, fuimos objetivos de las andanadas de “literatura” -propaganda, realmente- China y soviética. La primera, con … Continuar leyendo
No data de ayer la arremetida ideológica del revoltijo socialista-comunista contra las cándidas e inermes democracias del tercer mundo.
Quienes en las décadas años setenta, ochenta, antes quizá, a partir de la guerra fría, poblábamos las aulas universitarias de Latinoamérica, fuimos objetivos de las andanadas de “literatura” -propaganda, realmente- China y soviética. La primera, con el “Libro rojo” de Mao Tse Tung como fetiche, y demás obras atribuidas al semidiós oriental, todas en impecables, lujosas, ediciones, con tapas plásticas en rojo encendido y papel beige de fina textura e impresión. Las de la URSS, más modestas, pero igualmente ponzoñosas: el resumen de El Capital, de Karl Marx en primera línea, luego sus demás mentadas obras, las de Lenin, Engels, etc., dirigidas al consumo masivo de jóvenes resentidos, en rebeldía contra un establecimiento de miras estrechas, sin respuestas a mano ante las acometidas zurdas o mamertas, como se dio en llamarlas.
A las cátedras de ciencias sociales, obligadas en la generalidad de programas académicos, llevados por docentes ya imbuidos de materialismo dialéctico e histórico, en Moscú, y otras ciudades de la URSS, más tarde en Cuba, o en aulas públicas locales donde se formaban, arribaron como exégetas doctrinarios, Althuser, Harnecker, Sartre, con sus cargas de profundidad teóricas que con facilidad avasallaban, sometían, nuestra precariedad conceptual. En la sede de la ONU, en Nueva York, Krushchov, primer ministro de la URSS, sucesor de Stalin, el monstruo predador, con millones de muerte a su haber, a zapatazos contra el atril de la Asamblea General, emplazando luego misiles nucleares en Cuba, a escasos kilómetros de las costas de Florida, amenazaba al mundo libre. China, entretanto, soportaba los luctuosos excesos de las purgas ideológicas de la tétrica Revolución Cultural. Contribuyó todo aquello, por desgracia, no a la apertura, al despertar constructivo de nuevas generaciones; sino al encasillamiento que aún perdura en una doctrina reactiva, violenta, frente a supuestas injusticias sociales, a la “explotación del hombre por el hombre”, al poder político de las élites, reivindicativa para sectores sociales relegados.
La fase de inoculación y propagación del virus marxista se realizó con probada eficacia; MOIR, PCC, Juco, Jupa, fueron siglas de partidos y organizaciones de izquierda beligerante, trajinadas por adultos y muchachada, con ánimo revolucionario, adscritas unas al pensamiento Mao, otras a las directrices moscovitas. Del semillero brotaron, además de amplios sectores del estudiantado universitario y de educación media, las adhesiones, desde el soterrado interior de la Iglesia Católica, de organizaciones sindicales, aún hoy apoderadas de sectores claves, verbigracia, de educadores, trabajadores de la industria petrolera. No obstante, en paralelo con el proselitismo legitimado por estados, por sistemas jurídicos, de la cantera estudiantil y campesina ya adoctrinada, emergió la siniestra, la sanguinaria subversión armada y el paramilitarismo reactivo, sus terroríficas estructuras de muerte y destrucción, primero financiadas a través del secuestro y la extorsión, luego por el narcotráfico, causantes de miles y miles de víctimas inocentes, de bajas propias y de la Fuerza Pública obligada a combatirlas; los mismos grupos armados ilegales, de los cuales fue miembro orgánico Gustavo Petro, que se resisten a entender que las dos potencias con el antiguo rótulo de comunistas ya renunciaron a los falsos axiomas de don Karl, que el muro de Berlín se hizo trizas, que no hay opción distinta al desarme de mentes y cuerpos, al trabajo, al respeto por la vida, a la propiedad, a las libertades.
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