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El alfare

Óscar Piedrahíta

domingo, 8 diciembre 2024

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Cosas interesantes se han venido proponiendo a nivel cultural en la ciudad de Armenia, que sin duda alguna, se va fortaleciendo en el proceso de construir colectivamente esa identidad compartida y de ir forjando el alma que ilumina, desde el centro de cada uno, a los que somos hijos de esta tierra. Porque el alma … Continuar leyendo

Cosas interesantes se han venido proponiendo a nivel cultural en la ciudad de Armenia, que sin duda alguna, se va fortaleciendo en el proceso de construir colectivamente esa identidad compartida y de ir forjando el alma que ilumina, desde el centro de cada uno, a los que somos hijos de esta tierra.

Porque el alma de los pueblos es la cultura, las manifestaciones compartidas de la sensibilidad, las expresiones de la belleza, el lenguaje, la música, la gastronomía, todo aquello que nos convoca y nos hace sentir que somos parte de algo más grande que nosotros mismos, un sentimiento que nos mueve y aglutina, lo que nos permite ser quienes somos y no alguien más, aquello, que nos conecta con una esencia, algo así como un lazo espiritual e inmaterial, que aunque carece de forma física, une con una fuerza superior a la del metal más fino.

Parte de esa cultura está inscrita en la historia, deviene de un pasado común, que muchas veces desconocemos, pero que sin duda alguna nos palpita por dentro de las venas, pues en cada poro de la piel, hay un matiz del tono de los ancestros, unas gotas invisibles del sudor de los abuelos y algunas líneas de los trazos de los rostros de quienes ya no están…

La alfarería es una parte de esa herencia, que aunque se originó hace más de 10.000 años en sitios distantes al nuestro, fue parte del legado de indígenas que nos antecedieron en el tiempo y que no solamente fueron guerreros combatientes, también moldearon el barro – regalo de la tierra – y como prueba de ello se conservan hermosas piezas con gran valor estético.

El oficio milenario de amoldar con los dedos un trozo de arcilla, para permitir que aflore la hermosura de una gran cantidad de objetos útiles, se conserva y vive de nuevo, gracias al alfarero.

Se trata de hombres y mujeres que con paciencia y talento, logran sacar formas preciosas y convertir el material en verdaderas obras.

La Corporación Municipal de Cultura de Armenia, está liderando una valiosa iniciativa que busca preservar este arte. Por eso, Enrique Morales Vargas, uno de los mejores y más reconocidos en esta técnica, está realizando con su respaldo, la misión de enseñar a personas de todas las edades este oficio. Con la generosidad propia de los espíritus nobles, imparte una enseñanza poco usual, para que sus estudiantes puedan compenetrarse con el barro, amasarlo, acariciarlo, sentirlo, hacerse uno con él para lograr que lo que se ha imaginado: una taza, un plato, un recipiente, un jarrón, una figura; vaya tomando forma entre sus manos y, bien sea por el movimiento de los dedos o con el apoyo del torno, se convierta en algo más bello y superior a su identidad originaria.

Espectacular que se cuente, además de los bailes, obras de teatro, muestras de arte plástico y espectáculos que ocupan los espacio en estas épocas decembrinas, con una iniciativa tan valiosa como es, divulgar la cerámica, enseñar algo nuevo, conectar con la creación y hacer que perdure en el tiempo esta magnífica práctica.

Ojalá se mantengan estos buenos proyectos y se fortalezcan, para que muchos podamos disfrutar del placer indescriptible de recibir la herencia de un arte antiquísimo, que se renueva en cada nueva pieza moldeada entre las manos del alfarero.


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