Todas las personas tenemos talentos y dones. Los primeros se relacionan con habilidades particulares que distinguen a unos seres humanos por un quehacer específico. Aquí se ubican las diversas manifestaciones del arte: música, pintura, escultura, danza y literatura entre otras. También están los oficios, como la metalistería, ebanistería y artesanía, entre otros. Los segundos, son … Continuar leyendo
Todas las personas tenemos talentos y dones.
Los primeros se relacionan con habilidades particulares que distinguen a unos seres humanos por un quehacer específico. Aquí se ubican las diversas manifestaciones del arte: música, pintura, escultura, danza y literatura entre otras. También están los oficios, como la metalistería, ebanistería y artesanía, entre otros.
Los segundos, son cualidades especiales que nos destacan y nos permiten observar una manera especial de ser… Para algunos es el de la palabra, para otros, la habilidad de relacionarse y para alguien más, el de servir.
Quienes lo poseen, cuentan con una disposición especial en su ánimo, que los motiva con firmeza a obrar el bien, su cansancio se atenúa y su fuerza se multiplica, los habita un ímpetu interno que los mueve a trabajar en beneficio de los demás e impactar su vida positivamente.
Organizaciones como el Cuerpo de Bomberos Voluntarios, la Defensa Civil y la Cruz Roja, están colmados de esos seres humanos increíbles e imprescindibles, que mejoran el mundo con su presencia y enriquecen los lugares en los que habitan. Su gratificación máxima está en la recompensa del deber cumplido y su enfoque es consolar al que sufre, aliviar el dolor y resolver problemas.
Para estas criaturas excepcionales, el mayor placer es recibir de aquel a quien han servido: una manifestación de gratitud o simplemente una sonrisa, lo encuentran en la mirada que recupera la serenidad, una vez atravesado el momento de dificultad y en la simple sensación de haber sido útil para alguien.
¿Qué los inspira?
A algunos, la idea de pasar por el mundo de una manera distinta y más impactante, diferente, no solamente orientada a la búsqueda del beneficio personal, como ocurre con un elevado porcentaje de la población. Los motiva trascender al egoísmo para donarse, con bondad y generosidad a su prójimo.
Se caracterizan por ser incondicionales, practicar el desprendimiento, ser empáticos, de espíritu alegre y desinteresado. No buscan un provecho, es más, cuando alguien se los ofrece, lo rechazan; porque su propósito vital es mucho más elevado: tiene que ver con valores más altos que el dinero y con aspiraciones más profundas que la comodidad.
Cuando encuentran una ocasión para ayudar, la perciben como una inmensa oportunidad y la atesoran, entregan lo mejor de sí, jamás se doblegan… la fatiga se convierte para ellos en un desafío y sus arraigadas convicciones los conducen a mantenerse firmes, sin que el hambre, el sueño o el cansancio, pongan en riesgo el cumplimiento de su misión.
Hemos de reconocer a estos seres invaluables, premiarles con nuestra gratitud, apreciar su entregar y procurar también ser un poco más como ellos, pues si de algo urge el mundo hoy es de personas que más que vivir pensando en sí mismas, elijan hacer algo contundente para dejar este mundo un poco mejor de lo que estaba al llegar a la vida. —Con inmensa gratitud y afecto al enfermero y bombero voluntario de Zarzal, Leonardo Parra y a su equipo en el servicio—.
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