La ficción es lo nuestro en el Quindío. Decirnos lo que nos gusta y envanece. Somos hijos singulares de paisalandia y un cielo a borde de carretera. No obstante, guardamos, desde nuestra fundación como entidad territorial, decenas de esqueletos en el armario. La pandemia, una lección de vida que nos lleva a la muerte, nada … Continuar leyendo
La ficción es lo nuestro en el Quindío. Decirnos lo que nos gusta y envanece. Somos hijos singulares de paisalandia y un cielo a borde de carretera.
No obstante, guardamos, desde nuestra fundación como entidad territorial, decenas de esqueletos en el armario. La pandemia, una lección de vida que nos lleva a la muerte, nada nos ha enseñado. Somos iguales o peor.
Hace pocos días, en medio de la crisis económica del país, algunas tímidas voces se alzaron para pedir relevo en la orientación de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío. Un medio reveló que el presidente ejecutivo devengaba $23.700.681, y nadie contradijo con verdades o mentiras ese salario. Y la respuesta del cuestionado Rodrigo Estrada Reveiz fue desconocer, con cifras torticeras y amañadas, la crítica.
¿Qué se le puede criticar a Rodrigo Estrada Reveiz, sin mirar en exclusiva el bolso de su estipendio?
Sus tres decenios al frente de la cámara de comercio poco o nada provechoso le han dejado al Quindío. Su metodología de presionar a las entidades territoriales para acceder a servicios y convenios del Estado, con la gobernación y las alcaldías, ningún valor agregado ha dado a nuestra sociedad. ¿Cuántos millones del erario, además de los consignados por los comerciantes, ha administrado por delegación la cámara de comercio?
¿Qué pasó, por ejemplo, con la plaza minorista, proyecto mal construido y administrado con su interventoría y asesoría en Armenia? ¿Qué ocurrió con el centro de convenciones, Cenexpo, en la vía al aeropuerto, que nunca ha tenido viabilidad financiera y de servicios? ¿Por qué el turismo indiferenciado y depredador es nuestra marca de identidad en medio de la crisis del cambio climático?
¿De qué le ha servido al Quindío la cámara cuando hemos sido en veinte años el departamento con más desempleo en la región? ¿A qué hora en estos treinta años los comercios de Pereira y de Manizales nos rezagaron ante la nimiedad del nuestro? ¿En dónde quedaron los miles de millones de pesos de la fracasada Ruta del Café, financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo?
Algunos privilegiados de la cámara de comercio podrán responder que esos temas competen al Estado, y pueden tener razón. Pero para nadie ha sido un secreto que dos organismos han tenido especial acceso a recursos públicos desde nuestra fundación: el Comité Departamental de Cafeteros, un lujo perdido en nuestra historia, y la cámara de comercio, un fortín electorero construido desde las canonjías para unos pocos, en donde se han mecido las élites corruptas de Armenia.
En medio de la pandemia los comerciantes están abandonados. Los ciclos de capacitación de la cámara, su bandera, son insuficientes y para nada sirven cuando las prioridades son otras, vinculadas con el crédito o el subsidio de actividades.
La Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío se ha convertido en un paraestado, en una especie de reino impenetrable, donde un emperador desnudo no permite que lo miren a los ojos.
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