Las empresas del sector, que tanto han aportado a la proyección de nuestro territorio, fortalecido la economía, generado empleos, consolidado una capacidad instalada magnífica y en general, creado una dinámica valiosa para la región; han asumido duras consecuencias con ocasión de las restricciones que ha impuesto la declaratoria de emergencia.
Es necesario reconocer su inmenso aporte, desde los tantos eslabones que existen al interior de la cadena de valor y darles apoyo institucional y ciudadano.
Se crearán los caminos. Los problemas por ausencia de liquidez que han afrontado, tendrán que resolverse, los visitantes volverán, los empleos se recuperarán y después de este receso, la actividad se potenciará, pues habitamos uno de los lugares más hermosos del planeta. Si todavía nos sorprende a quienes tanto lo hemos apreciado, cuánto puede deslumbrar a aquellos que lo descubren o visitan de forma esporádica.
Con la convicción en torno al cuidado ambiental, construcción de la excelencia y calidez humana que nos han caracterizado, deberemos adaptarnos a nuevas condiciones, que permitan reactivar la industria en un marco de sostenibilidad, bioseguridad y confianza. Para considerar…
Primero. El deseo de viajar es sentido. Muchos esperan que se abran las fronteras para salir. Se puede vaticinar un auge del turismo doméstico, personas de este territorio y cercanos, querrán estar en hoteles campestres y fincas de recreo. Es una necesidad espiritual y aquí sabemos bien cómo satisfacerla.
Segundo. La prioridad es la bioseguridad. Todo lo que se haga para que las personas sientan confianza, resulta oportuno. Desinfección de espacios, vehículos y visitantes; condiciones extremas de limpieza, preparación para observar protocolos, y en especial, adecuación de los entornos para el distanciamiento social, son asuntos esenciales. Cuando el gobierno lo permita la reactivación iniciará y será fundamental demostrar que podemos preservar el bienestar y la salud, mientras disfrutamos del esparcimiento.
Tercero. La sostenibilidad ambiental es un imperativo. Una de las cosas buenas de este tiempo —en todo el planeta—, ha sido la reacción positiva de la naturaleza. Los humanos hemos desplazado —tal vez sin quererlo— a los animales, las plantas y el agua… Ahora han regresado y debemos encontrar maneras armónicas de coexistir. Responsabilidad en el consumo de agua y energía, respeto por las especies y contribución al cuidado de los lugares, son conductas deseables, en especial, cuando viajamos.
Cuarto. El turismo de experiencia ganará terreno. La rumba, el baile, el consumo de licor, los espectáculos; han sido atractivos. Dadas las circunstancias, quizás no puedan serlo en el inmediato futuro. Por ello, debemos ofrecer actividades que generen valor y satisfacción… Rituales de preparación del mejor café del mundo —a propósito de la Caja Viajera del Café, uno de nuestros mayores tesoros culturales—, caminatas ecológicas, avistamiento de aves, entre otros, serán muy apetecidos.
Estoy convencida de la ancha autopista de futuro que aguarda al turismo… Hemos de prepararnos para aprovechar las oportunidades que vendrán.
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