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El Gato

Óscar Piedrahíta

lunes, 23 agosto 2021

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Las ciudades no son solamente paisajes, parques, monumentos y arquitectura.  No son tan solo la gente, su idiosincrasia y gastronomía, son mucho más. Algo fundamental en ellas son los sitios que congregan a las personas y las historias que cuentan, los ecos que van guardando en sus paredes, las voces que salen por sus ventanas … Continuar leyendo

Las ciudades no son solamente paisajes, parques, monumentos y arquitectura. 

No son tan solo la gente, su idiosincrasia y gastronomía, son mucho más. Algo fundamental en ellas son los sitios que congregan a las personas y las historias que cuentan, los ecos que van guardando en sus paredes, las voces que salen por sus ventanas y las fotos que se toman allí. Aquellos lugares que son referente, son reconocidos por la población y al ser mencionados en una conversación casual en cualquier esquina, activan una sonrisa, porque conectan con recuerdos de momentos inolvidables que se han vivido en ellos.

Estos espacios son los tesoros de la ciudad, porque no son de sus fundadores o propietarios, son patrimonio colectivo, por las emociones que movilizan, por aquello que representan, porque la gente los siente como si fueran suyos al arribar a ellos, al invitar a alguien a un encuentro fortuito o concurrir a un evento. 

Uno de ellos, insustituible y maravilloso, es El Gato Bohemio, pequeño lugar colmado de intimidad, belleza, ambiente creativo y complicidades.

Al norte de la ciudad queda este lugar que conecta con los mejores cafés parisinos, donde se respira arte y poesía, en el que se degustan exquisitos licores y se beben versos y prosas, donde se pueden deleitar todos los sentidos: la vista, con la majestuosidad y exquisitez de las obras de grandes maestros del mundo, tanto en la pintura como en la escultura; el olfato con el aroma del mejor café y también, los olores del campo quindiano que se perciben en un balcón desde el cual se avista todo el azul de nuestra cordillera, mágicamente bañada de plata en las noches de luna llena. El gusto, con sabores incomparables para tomarse la bohemia –al mejor estilo de Francia, Cuba y Bogotá con su inolvidable Candelaria–. También para deleitar el paladar con platos exquisitos; el oído, con música preciosa, perfecta para servir como fondo a una buena conversación o a una lectura literaria; y por supuesto el tacto, porque en este lugar –especialmente mágico en las noches–, se recibe el abrazo de la brisa y en las tardes, la mejor caricia del sol al atardecer.

En tiempos de pandemia el Gato Bohemio cerró sus puertas, se apagó temporalmente una mirada luminosa que semejaba una lluvia de estrellas al norte de la capital quindiana. Se silenciaron durante un tiempo el jazz y las rimas, las voces de aquellos que solo viven porque alguien sigue leyendo en voz alta lo que escribieron. Guardaron silencio muchos maestros y las obras de arte excepcionales, allí exhibidas, durmieron también; dejando de recibir la mirada de admiración de los visitantes del lugar. 

Despierta El Gato después de un extenso sueño, encenderá de nuevo su vista felina para regalarle a Armenia una pléyade de experiencias y momentos, para que la literatura y la plástica se aviven de nuevo, como lo hace una llama cuando la leña está seca y lista para arder. Pronto estará de nuevo este sitio espectacular, conectando a Armenia con los grandes ideales que propiciaron la Revolución Francesa, gritando de nuevo: libertad, fraternidad e igualdad, no en francés, sino en el más fino castellano y creando el espacio para vivir momentos únicos e inolvidables. Bienvenido El Gato Bohemio, le hacía falta a la ciudad.


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