Los políticos del Quindío, profesionales o aficionados, han tenido a la cultura como un comodín. Ya sea para propalar su retórica de la tradición artística del departamento o porque los presupuestos y los cargos en las administraciones les sirven para pagar cuotas. Entiendo que Silvio Ceballos, un conservador honesto, fue un gobernador preocupado por los … Continuar leyendo
Los políticos del Quindío, profesionales o aficionados, han tenido a la cultura como un comodín. Ya sea para propalar su retórica de la tradición artística del departamento o porque los presupuestos y los cargos en las administraciones les sirven para pagar cuotas.
Entiendo que Silvio Ceballos, un conservador honesto, fue un gobernador preocupado por los procesos culturales de la región, como lo fue Jaime Lopera Gutiérrez. Lucelly García de Montoya, desde sus cargos de representación, apoyaba a los artistas y escritores de su Calarcá del alma. Ella concibió la hermosa casa de la cultura de este municipio.
Luego, poco, muy poco, excepto el tremendo impulso que le dio a la cultura Julio César López Espinosa, quien respetó y apoyó la formulación de políticas y la creación de la secretaría del departamento.
Hemos tenido bárbaros, claro, como Luis Fernando Velásquez, Sandra Paola Hurtado, y ahora parece que completaremos el trío con el actual gobernador Roberto Jairo Jaramillo, quien se obstina en negarle un sitio decente a la gestión cultural en el Quindío.
Me explico: el actual gobernador, quien vocifera su interés por apoyar la cultura, nombra a una destacada gestora como Ximena Escobar, pero no le restituye el presupuesto, no lo aumenta de manera sustancial y, lo más alarmante, convierte a esa dependencia en nido de contratistas y funcionarios sin conocimiento y sin relación con la comunidad artística. Devastó lo avanzado en esa dependencia.
Su jefe de Patrimonio, Juan Ricardo Medina, no sabe, no quiere saber y repele al sector que gobierna. Y ahora, además de otros funcionarios, nombró como coordinadora de la Red de Bibliotecas a una persona sin conocimiento de campo y sin ningún vínculo con la lectura y la escritura.
¿Por qué el gobernador no dejó que su secretaria conformara un equipo competente para la gestión cultural en el Quindío? ¿Por qué Ximena Escobar, acostumbrada a sostener la dignidad de su propia trayectoria, se prestó para que los politiqueros invadieran su oficina y se dejó embaucar en un gobierno sin proyecto cultural?
Esa secretaría sigue siendo un fiasco para los artistas y gestores, quienes saben, a pesar de los anuncios, que hemos padecido durante un año largo un retroceso enorme en los procesos y en los recursos.
El partido Liberal, en Armenia, a través de la Corporación de Cultura y Turismo, durante más de 20 años, ha repartido como un botín fétido los recursos de los artistas y gestores de la ciudad. Ahora, con ánimo de corrección, el alcalde ha nombrado a la excepcional gestora Diana María Giraldo. Veremos si la apoya de verdad.
El asunto no es solo nombrar a un artista o gestor de postín. Se requieren presupuesto y voluntades, que trasciendan los acuerdos burocráticos para las próximas elecciones.
¿Quiere el señor gobernador, hábil y carismático, engrosar la lista de los administradores bárbaros que ya hemos tenido?
La ciencia y la cultura nos salvan y humanizan. La primera nos protege y la segunda nos provee felicidad.
- Temas relacionados :
