Va pasando de prisa el mes más bello y luminoso del año, como lo hicieron los demás.… Y la vida misma, que, en la extensa dimensión de lo eterno, parece solo un destello.
Ya fue la decoración de los espacios (y de las ciudades, como la Bella Armenia, que luce esplendorosa). Transcurrieron los dos días de velitas y se aproxima el inicio de las novenas.
En un abrir y cerrar de ojos, llegamos a la mitad del mes que, es demasiado breve para todo lo que brinda. Dada la brevedad, es fundamental que nos enfoquemos en disfrutar cada instante, pues, somos afortunados por seguir aquí.
¿Cuál es el sentido de diciembre?
Primero. Es momento de cierres. Hay cosas que requieren clausurarse, ciclos, relaciones, experiencias negativas, que es preciso cerrar desde el perdón y la aceptación, para dejarlas ir y poder emprender nuevos caminos. Aferrarse al resentimiento, la amargura o la frustración, nos impedirá fluir hacia el nuevo tiempo y lo creamos o no, terminará cerrándonos caminos y restándonos posibilidades.
Segundo. Es tiempo para el encuentro. Muchas personas llegan desde lejos. Algunos viajan durante muchos días, para recibir el abrazo de los que aman y que siempre extrañan. Estos días son propicios para llamar a los amigos y parientes que, por alguna razón, hemos dejado de ver y también, para organizar actividades que nos permitan disfrutar de la compañía de otros y brindar la nuestra.
Tercero. Es ocasión para la alegría. Algunos han cultivado dolores y nostalgias y se han dedicado al llanto… Sean cuales fueren los problemas y angustias, es bueno pausar el sufrimiento, enfocarse en quienes están presentes, más que en los que se fueron y cambiar la tristeza por calma y gratitud. Hay tantas cosas hermosas para vivenciar durante este mes, es bueno apreciarlas y gozar de ellas con intensidad.
Cuarto. Es momento para la solidaridad. Todos tenemos carencias y abundancias. Algunos, deben afrontar precariedad financiera, a otros les faltan cosas que no pueden comprar con dinero y algunos, tienen hondos vacíos. Sin embargo, compartir algo de aquello que tenemos con los que más necesitan, produce satisfacciones y genera bienestar.
Quinto. Es tiempo de reconciliación. “El rencor es como el ácido, destruye el recipiente que lo contiene”. Si hay algo que nos genere resentimiento, incluso si se trata de algo justificado, es mejor bañar el alma con el bálsamo del perdón.
No significa que carezcamos de razón o que falte justificación para experimentar emociones como el enojo o la frustración, sino que, mantener el corazón contaminado, es algo que nos hace daño e impide disfrutar plenamente la vida. También dicen: “Lo pasado, pisado”; es una filosofía sana.
Sexto. Es el mes de la esperanza. Termina un año, se vislumbra la llegada del siguiente y vendrá – si así lo pensamos –, cargado de promesas, proyectos y posibilidades. Depende de cada uno. La disposición que tengamos en este momento ha de prepararnos para asumir este nuevo periodo de la mejor manera. Lo bueno vendrá, si nos enfocamos en ello.
Séptimo. Son días luminosos. Que no estén encendidos solamente los bombillos de colores, que se prendan también la sonrisa y la mirada, que seamos luz para otros: de amor, generosidad, reconocimiento y alegría….
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