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¿El sistema o la democracia culpable de la crisis?

Juan José Orrego López

domingo, 17 agosto 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Muchos líderes y partidos políticos en el mundo vienen cuestionando los sistemas de gobierno y su democracia. Colombia no es la excepción.

Esto ha motivado a millones de ciudadanos a interesarse en conocer los modelos existentes y preguntarse cuál sería el ideal para nuestro país, comparándolo con el actual. En pleno siglo XXI, ante una globalización que avanza —pero que atormenta a congresistas y partidos— resulta incomprensible el rechazo a cualquier actualización interna o incluso a la Constitución. ¿Por qué temen al cambio?

Si en una democracia el poder está en el pueblo, y millones de ciudadanos viven en abandono, con problemas sin solución e ilegalidades sin justicia, es el momento de analizar, revisar e identificar dónde están los errores y quiénes son los responsables. No puede olvidarse que la democracia que tenemos, administrada por la clase dirigente y política que ha manejado el poder y el control, no ha sido ejercida de manera correcta, limpia y transparente. La historia muestra que, por los abusos de poder, hemos llegado a una democracia herida que no logra levantarse como debería.

Ante los cuestionamientos al sistema presidencial y a los procesos de elección, muchos colombianos se preguntan: ¿es adecuada la forma en que elegimos a los ciudadanos que asumirán cargos como presidente, congresistas o autoridades regionales? ¿Tienen ellos la ética y la capacidad necesarias para manejar y proyectar de forma correcta los cargos para los que fueron elegidos?

Hoy vivimos una democracia en la que muchos de sus líderes solo buscan no perder los beneficios de ser elegidos. En un sistema sin la transparencia necesaria, el pueblo termina apoyando candidatos que desconoce, mientras los congresistas, para no poner en riesgo su “negocio”, han creado barreras que los protegen y les facilitan obtener pensiones y privilegios intocables. No sorprende entonces que millones de colombianos rechacen su negativa a reducirse el salario.

Difícilmente una democracia será sana si seguimos eligiendo líderes cuestionados, sin formación, o vividores de lo público que cambian de partido por conveniencia. Confiarles la responsabilidad de cargos de elección popular representa un alto riesgo, que obliga a no repetir errores del pasado y a revisar con cuidado, antes de elegir presidente, congresistas o autoridades locales.

Nunca es tarde para corregir el rumbo. Aún queda la esperanza de que quienes han abusado de la democracia y del poder recapaciten. Ellos conocen el dolor del pueblo y las causas de la crisis que ellos mismos han generado. Es inaceptable que valores como la moral y la ética pública hayan sido reemplazados por juegos políticos e intereses comerciales. Colombia necesita los cambios que la maquinaria tradicional ha impedido por años, porque seguir igual significa continuar destruyendo el país.


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