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El tejido que nos sostiene

César Castaño

jueves, 10 julio 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

“[…] Una vez dijo Nodier Botero que el tigre nunca piensa en su ‘tigridad’: ¡el tigre salta! Utilizando esta bella metáfora, podemos decir ahora que no solo debemos pensar en la quindianidad: ¡hagámosla!” —Jaime Lopera

La desesperanza frente a lo público no surge de la noche a la mañana; se alimenta del desencanto acumulado y de la sensación de que nada cambia, por más que se intente. Así, la inacción se convierte en un refugio cómodo pero peligroso: nos aleja del deber colectivo y deja libre el espacio para que otros —hábiles en la palabra, pero sin escrúpulos— ocupen el lugar que debería ser de todos.

Ser ciudadano del Quindío no es solo habitar su geografía, sino también proteger su patrimonio, defender lo común y participar activamente en las decisiones que nos afectan. Una ciudadanía fuerte no se mide solo por el voto, ni por la protesta en tertulias de café, sino por la capacidad de asumir lo común como propio. El civismo, en ese sentido, es un lenguaje silencioso pero poderoso que articula esa pertenencia. Y es ahí donde se cruza con la identidad: cuidamos lo que sentimos como nuestro, y nos sentimos parte de aquello que cuidamos.

Sin civismo, la vida en comunidad se resquebraja. El irrespeto por las normas básicas de convivencia, la apatía frente a lo colectivo y la falta de responsabilidad ciudadana son síntomas de una identidad cívica debilitada. Porque la identidad —ese vínculo con el territorio, la cultura y la historia— no es estática ni se impone por decreto.

El Quindío necesita reconstruir su sentido de comunidad, ese tejido que nos une. La quindianidad no se limita al orgullo por el paisaje cultural cafetero, la gastronomía o la calidez con que se recibe al visitante. También se manifiesta en la forma en que cuidamos nuestros entornos, respetamos al otro y participamos activamente en lo público.

Sin civismo, la quindianidad se vacía de contenido. ¿De qué sirve proclamar amor por esta tierra si arrojamos basura, transgredimos las reglas básicas de convivencia o nos desentendemos de lo que pasa en nuestro barrio, vereda o municipio? La identidad no se presume: se construye, se cultiva, se defiende.

En tiempos de creciente individualismo, recuperar el civismo como valor cotidiano es urgente. No basta con amar al Quindío en redes sociales o en discursos oficiales —generalmente afectivos, pero poco efectivos—; es necesario demostrarlo en los actos más simples y en la veeduría de lo público, porque lo común también nos define y nos obliga.

El civismo es la expresión más concreta de la quindianidad. Es lo que convierte esta tierra en algo más que paisaje: en un territorio con ciudadanía. Porque no hay identidad que se sostenga sin la voluntad activa de quienes la encarnan. En lo cotidiano, en lo cercano, en lo que parece pequeño, se juega lo grande: la posibilidad de que el Quindío no sea solo un lugar, sino también un hogar, un orgullo y un proyecto compartido.

Sobremesa. Un gusto leer el homenaje que La Crónica rinde al maestro Jaime Lopera Gutiérrez: escritor, humanista e historiador quindiano, una de las voces más lúcidas y comprometidas con la identidad regional. Con rigor y sensibilidad, su obra ha tejido una memoria colectiva que fortalece el sentido de pertenencia. Su pensamiento ha sido una guía ética para la construcción de una ciudadanía más consciente. Rendirle homenaje es reconocer el valor de quienes siembran pensamiento para que florezca la región. A sus 89 años, Lopera es símbolo de un legado vivo y un referente del que aún tenemos mucho por aprender. Porque la cultura no es solo erudición, ni grandilocuencia, ni un encargo transitorio: es también, y sobre todo, decencia.


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