¿Este será el gallo de la derecha? Un tigre ese Abelardo. Comentario por WhatsApp de mi amigo, acompañando el enlace de una entrevista del precandidato con un medio nacional.
Con acertado olfato, el periodismo especializado viene registrando, al tiempo promocionando, la paciente, calculada, y de acuerdo a evidencias, eficaz campaña política, del creciente receptor de entusiasmo popular, abogado penalista, según él mismo, ya retirado de la profesión tras amasar fama y fortuna durante más de dos décadas.
¿Qué atrae de Abelardo de la Espriella como candidato a la presidencia? Lo “tigre”, como usted lo califica -respondo-. Apto y dispuesto para la pugna discursiva, reluce en sucesivos reportajes radiales, televisivos, y en redes. Además de talento comunicacional y acicalada apariencia, muestra ganas, gestos y ademanes efectistas, decisión, carácter -tan escaso hoy día en el plano político-, con sustento en dotes, virtudes, logros personales, traducidos en patrimonio material. La práctica oratoria en estrados judiciales, la fricción verbal que no rehúye, el éxito tangible, fruto del ejercicio profesional, aportan, cómo no, en su aspiración. Oportunas alusiones históricas, literarias, son señales de academia algo más que básica, de lecturas, y producción de textos -presume de haber escrito y publicado varios libros-. Tanto su origen como antecedentes familiares, son claros, sometidos hace años al escrutinio de avezados “periodistas” de investigación -caso Daniel Coronell, omiso indagador de sí mismo, presunto exsocio de narcos-; como claras parecen también las bases conceptuales y doctrinarias del ideario que esboza. Declara sintonías con Bukele en seguridad ciudadana: combate sin cuartel contra la delincuencia organizada, estricta aplicación de justicia, incluyendo con énfasis a quienes han incurrido en corrupción y delitos conexos en el actual caos ético; mano dura contra cultivos ilegales y narcotráfico, combustible de medio siglo de violencia y desgracias en Colombia. Habla así mismo de afinidades con el liberalismo económico línea Milei, sin mostrarse muy consistente en este campo que desde luego no es el suyo. Antes que la dedicación al derecho, reivindica su actual condición de gestor-realizador empresarial, con proyectos avanzados y realizaciones concretas en diversos campos. No es un derechista vergonzante; más bien exultante, que no teme ser calificado como tal.
Respeta, admira y respalda a Álvaro Uribe, para millones de compatriotas la figura pública más importante del país en toda su historia, reprochando sí el desmedido “corazón blando” de su eslogan político. Ingenioso aquello de “Extrema coherencia” antepuesto a la “extrema derecha”, casilla descalificadora donde los zurdos ubican a todo aquel no adherente del relato progre. Acierta al adherir a su programa, el necesario ajuste de cuentas con el actual gobierno, cobrando al tenor de la Ley, de la Constitución, sus palos de ciego destructivos, omisiones, billonarios derroches y corruptelas.
En varias de sus entrevistas, evaluadas con creciente curiosidad a partir de la remitida por mi amigo, observo comunes actitudes, inéditas en estos lares: toma de control de la escena desde el pitazo inicial. ¡Ay de quienes pretendan ver en él un dúctil pelele o monigote, tomarlo a la ligera o por sorpresa, fuera de base! Directores, editores, reporteros, sin preparación, débiles en argumento, habituados a ejercer control sin suficientes bases, favor abstenerse. Serán vapuleados a placer, sin atenuantes, por el candidato, quien siempre sale airoso de celadas y encerronas en los medios hostiles. Las manidas referencias en su contra son las polémicas actuaciones del abogado a favor de antipersonajes, o el uso de expresiones fuertes -eliminar, destripar, entre otras- aplicadas a la izquierda radical; aunque en balance con las agresiones del presidente cuando alude a sus contradictores, no son gran cosa. Radica allí su deleznable talón de Aquiles.
Hallo en él vacíos, debilidades, posiciones y antecedentes criticables, falta de academia y experiencia en administración pública; soberbia -aunque en nuestras coordenadas tiende a sumar como mérito-, exceso de ostentación, trazas de egolatría, por ahora los más visibles.
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