No carece de encanto, curvas, ni sonrisa omnident; sin embargo, al lado de la exuberante exmilitar israelí, Gal Gadot, coprotagonista y malvada madrastra en el remake, el “espejito, espejito”, en respuesta a la consabida duda, ¿quién es la más linda del reino?, debió mentir con enfado sólo por ceñirse al guion. De soberbia y arrogancia … Continuar leyendo
No carece de encanto, curvas, ni sonrisa omnident; sin embargo, al lado de la exuberante exmilitar israelí, Gal Gadot, coprotagonista y malvada madrastra en el remake, el “espejito, espejito”, en respuesta a la consabida duda, ¿quién es la más linda del reino?, debió mentir con enfado sólo por ceñirse al guion. De soberbia y arrogancia que exceden en mucho su estatura, la primera en mención, Rachel Anne Zegler, estereotipo femiprogre, insufrible mix de Irene Montero, Ocacio-Cortez, Thumberg, ministras chilenas y sucedáneas, como todas ellas, muestra sobreactuación histriónica, superioridad moral, incontinencia verborréica y gestual en las entrevistas -en su caso anti promocionales- que concede. Nacida en New Jersey, mayo de 2001, ascendencia colombiana y polaca; declarado su gusto por la cumbia, por las empanadas con manzana Postobón, tiene derecho pleno a nuestra prosaica nacionalidad. Wokista exaltada, feminista militante; por supuesto antisemita, antipatriarcal, antiTrump a rabiar -¿qué aderezo omito?-, no lo hace mal como actriz de cine, bailarina y cantante; de hecho acumula en su haber prestigiosas distinciones, merecidos premios y nominaciones: Globo de Oro a la mejor actriz – Comedia o musical (2021), por su papel de María en West Side Story (Amor sin barreras); Premio a Mejor interpretación femenina en una película de comedia o musical, otorgado por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, por la misma cinta. Hasta su rol estelar en la reedición del célebre musical que iniciando los gloriosos sesenta marcó un hito en producciones similares, en esta ocasión bajo la batuta de nadie menos que Steven Spielger, todo permitía suponer para ella una rauda carrera hacia el súper estrellato.
Cuando el gigante cinematográfico Disney, decidió llevar adelante el proyecto de remake de Blancanieves y los siete enanos, cuya versión clásica data de 1937, e inició la búsqueda de una protagonista alternativa, a tono con la tendencia “inclusiva”, políticamente correcta en la órbita progre, el legendario Estudio creyó hallar en Rachel la sustituta ideal, latinizada, morenizada, de la criatura “blanca como la nieve”, de los hermanos Green.
Y estuvieron los de Disney a un pelo de acertar. Sólo que, para infortunio de todos: director, productores, elenco estelar, secundario, equipo de producción, accionistas y administradores, jamás contaron con el inusitado desborde fóbico-verbal de la promovida estrella en contra de todo y de todos, incluso de ella misma. Rebasando el enfoque readaptado, ideologizado, que quisieron imprimirle a la película, la prematura diva se dio a la tarea de destruirla, de inhibir cualquier posibilidad de éxito, luego de filmada y antes de exhibirla. A Blancanieves, versión 2025, no la mató el cazador-sicario contratado por la envidiosa madrastra; tampoco la bruja valida de la manzana envenenada. Esta vez, mestizanieves muere, como el pez, por su propia boca, mas no por algo que ingiere; más bien por cuanto profiere. Primero fue su confesión de ignorancia y desprecio respecto al texto y al filme original, según ella, “aburridos”; luego las ácidas alusiones al “acoso” del príncipe salvador hacia la desvalida princesa, al trabajo degradante de la misma en casa de los enanos, al esquema “opresión patriarcal” del relato. Nada de trasnochados amores, dicta ella; el asunto ahora es sustitución de liderazgos. No contenta con parecer la más bella quiso brillar como la más inteligente, la aguda reintérprete de liviandades y anacronismos ideológicos en autores y guiones originales.
Después vino la descalificación social hacia los votantes de Trump, entre otras lindezas, hasta cerrar con broche de ajenjo, abogando en X ¡por Palestina!! Hasta acá, con cargo a la reprobada capacidad destructiva zurda, estimo, el 60% del mayor fracaso económico en la historia Disney. Luego de tres semanas de vértigo, asciende a más de US$ 100 millones. El resto, a cargo del Estudio.
Ayyy, Rachel, quién sabe; en el peor de los casos, envía tu hoja de vida a la Casa de Nariño. Algo se nos ocurrirá.
- Temas relacionados :
