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El Turbay olvidado

Hugo Hernán Aparicio Reyes

miércoles, 3 septiembre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La bien lograda reseña de Ricardo Gómez Giraldo, rector de la Corporación Universitaria Iberoamericana, publicada por el diario El Colombiano, acerca de un libro de reciente edición, titulado, “El presidente que no fue” -La historia silenciada de Gabriel Turbay-, escrito por Olga L. González, conduce a estas breves notas sobre el período histórico aludido por la escritora y reseñista.

El primer Turbay con renombre público, Gabriel, no vinculado al tronco familiar del expresidente, Julio César, ni a sus descendientes, pero portador del apellido de luctuosa carga en época reciente, aspiró también, con sobrados méritos, aún careciendo de rancio abolengo, mentores de alcurnia, o medios de expresión de su propiedad, a ser elegido primer mandatario de Colombia, para el cuatrienio 1946-1950. Mismo periodo e igual cargo público para el cual se presentó como candidato liberal alterno, no oficial del partido, el entonces abogado penalista y político, Jorge Eliécer Gaitán, en sostenido ascenso en el fervor popular, a cuenta de sus encendidas arengas contra la oligarquía -el discurso populista es de vieja data-. Pese a contar con claras mayorías electorales, el liberalismo escindido perdió los comicios, resultando elegido para el cargo, el conservador Mariano Ospina Pérez, agudizándose así el clima de violencia partidista.

La frustrada aspiración de Gabriel Turbay sumió al político en depresión anímica y en acelerado deterioro de salud, que culminó con su deceso en 1947. De acuerdo con la reseña en mención, sin haber llegado todavía a mi lectura la obra de González, la autora reivindica a don Gabriel, apoyada en una prolija documentación: atacado con saña por el origen de sus progenitores, forzados migrantes sirio-libaneses, se graduó en medicina, aunque temprano halló en la política, en el servicio público, su real profesión, y en el lapso nombrado como República Liberal (1930-1946), su espacio cronológico. Activo colaborador de la campaña de Olaya Herrera, se destacó por su dote intelectual, por agitar ideas e iniciativas innovadoras; más cerebral que pasional, organizado en pensamiento y actos, fue ministro de gobierno con escasos 32 años de edad; autor de la primera cedulación electoral-ciudadana; mejoró el trato y las condiciones carcelarias, amplió los derechos de la mujer; instauró, a despecho de la Iglesia católica, el registro civil; un primer intento de carrera judicial y de medición de actividad de los jueces. Luego, como titular de la cartera de relaciones exteriores, se manifestó activo antifascista y eficaz promotor de la causa integradora panamericana. En el congreso y en otros cargos públicos, promovió la renegociación del Concordato, pese a la obstinada oposición de sectores recalcitrantes, entre otros empeños y logros. Eran evidentes las ventajas en cuanto trayectoria y experiencia de Turbay frente al tribuno Gaitán; no obstante, obraron en contra de sus aspiraciones, malquerencias, desafectos, al interior de la directiva liberal, y la prematura sed de poder del Caudillo. En cualquier caso, la derrota infligida por las huestes conservadoras, unidas alrededor del ingeniero Ospina, significó un traspiés histórico para los liberales y un brusco cambio de rumbo político y administrativo para la convulsa Colombia de entonces. Lo acaecido con Gabriel Turbay en el plano electoral, contribuyó en buena medida al injusto olvido y relegación de su nombre a planos secundarios de la memoria nacional. Según O. González, errores, omisiones y sesgos de los historiadores, proclives a la fijación popular del mito Gaitán, al menosprecio étnico, igual aportan a la desmemoria.


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