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Elogio de las bibliotecas

Camilo Andrés López Leal

sábado, 22 abril 2023

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Existen lugares que vienen transformándose debido a la digitalización. Uno de estos son las bibliotecas. Desde el referente histórico de la biblioteca de Alejandría, instituida en el siglo III en el Antiguo Egipto, las bibliotecas han sido el lugar de almacenamiento y conservación de la cultura. Sin embargo, la imagen de la biblioteca como almacén de la cultura es reducida y esconde otras funciones y tareas que históricamente estos lugares han facilitado. La biblioteca como lugar físico y simbólico ha cumplido una función de poder y una función de desarrollo económico, cultural y científico. En tanto espacio para la cultura, la biblioteca fomenta y favorece la investigación, introduce y orienta a sus visitantes en el archivo de la cultura e historia humana. Ante esta evidencia, la digitalización de textos, libros y otros productos culturales para ser presentados en bibliotecas o bases de datos digitales o virtuales, recortan la experiencia permitida por las bibliotecas como refugios de la cultura.

La única función de la biblioteca no es la de disponer de textos escritos que serán leídos. Sí su tarea es la promoción y favorecimiento de la lectura, pero leer no ocurre por un funcionamiento lingüístico puro, es decir, como decodificación de palabras que aparecen en un texto escrito. La lectura, como lo dice Roger Chartier, es importante reconocerla como una práctica que vincula estrechamente la materialidad del texto, es decir, el formato o soporte y sus características, además de la corporeidad física y los gestos que muestran las prácticas de apropiación del texto escrito, lo cual construye el sentido de la lectura.  

En las bibliotecas se suscitan experiencias que van más allá del simple acceso a la información; son lugares para estudiar en paz y tranquilidad, son “un espacio público interior en el que nadie está obligado a comprar nada para permanecer en él”. (Rossi, I. 2020. ¿Una biblioteca sin libros? En jardinlac.org) Son espacios de calma donde la búsqueda de información puede ser uno de los propósitos de visita, pero también puede frecuentarse como espacios de conversación, de inspiración, para curiosear, tocar, hojear, fotografiar y respirar la cultura escrita e impresa. Es muy difícil que estas experiencias vividas en las bibliotecas físicas se recreen en las bibliotecas virtuales. La interacción con material escrito en formato digital configura un sentido diferente, cambiando las prácticas de lectura, los gestos y finalidades: hay exclusión en el acceso cuando no se cuenta con computadores o dispositivos, fragmentación de la lectura cuando se lee solamente el apartado funcionalmente requerido, abandono de la lectura por rápido agotamiento frente a la pantalla, entre otros problemas. Sin demeritar el acceso remoto y a distancia, velocidad de transmisión de la información, amplias capacidades de almacenamiento, entre otras posibilidades que las bibliotecas digitales permiten a lectores, investigadores y demás usuarios, no se puede decir que vivimos el reemplazo o la “evolución” secuencial de las bibliotecas. La experiencia de lo presencial en este caso es irremplazable y también difícilmente homologable. 

Por ello, conviene identificar qué requiere una comunidad de una biblioteca, sea esta una comunidad educativa, de investigación o población en general. Estos lugares nos han construido como humanos e insertado en la cultura, pero no solamente por acceder a la información, sino también por todo el ejercicio performativo, las experiencias socioculturales que ocurren en estos escenarios. Para el Quindío urge fortalecer las bibliotecas existentes, además contar con una estrategia de interacción en red entre bibliotecas municipales, barriales, universitarias, públicas y otras; así como también es urgente identificar potenciales y pertinentes funciones, recursos y necesidades, así como apoyar desde el recurso público y privado el conjunto de experiencias que se pueden suscitar en estos espacios para el cultivo de nuestras almas. En este mes celebremos los libros y las bibliotecas. 


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