¿Qué más tendrá que ocurrir para que el país colombiano despierte, se sacuda del letargo, y finalmente reaccione frente a la inminente catástrofe? No parecemos darnos cuenta de la destrucción institucional, de la ruina económica que ya muerde; no nos duele la dignidad nacional pisoteada, ni la amenaza de usurpación definitiva del poder.
La maldad personificada en Gustavo Petro y su camarilla de delincuentes se fortalece ante la impavidez ciudadana. ¿Cómo convencer al Congreso, al poder judicial, a la fuerza pública, en cabeza de la oficialidad operativa, sobreviviente a la purga que ya suma centenares de “bajas” en rangos superiores -ya que el ministro adhirió a los malos-, de la necesidad de acciones contundentes en defensa del Estado?
Desde la multimillonaria precampaña puesta en marcha con recursos oscuros, “prestados” por actuales híper remunerados contratistas, hace más de cuatro años, cuando convocaban multitudes a todo costo, para ambientar la llegada del exguerrillero a la final electoral, eran claras las intenciones del núcleo político que lo secundaba: violar límites, topes establecidos, transgredir normas; tal como fue siempre su actitud personal frente a lo público. Y con idéntico desprecio por la rectitud ética se llevó a cabo la campaña formal, camuflando o escondiendo gastos, eludiendo vigilancias, relajando controles de procedencia de recursos. Hechos probados. Incluso declaraciones judiciales de su hijo “no criado”, lo confirman. La senda trazada entonces se trasladó al manejo del erario tan pronto asumió el primer cargo público. Nadie, ni en las peores previsiones pudo imaginar las colosales dimensiones de la corrupción y el latrocinio convertidos en cínicos emblemas de este mandato.
¿Cuál es la ruta legal, jurídica, para detener esta loca carrera hacia el caos? Es la pregunta que ronda entre los dolientes y aterrados ciudadanos. ¿Por qué los procesos y causas judiciales contra el maligno parecen frenados, sometidos a presiones invencibles a su favor? Lo venimos afirmando desde el comienzo de esta tortura: las únicas claves de solución pacífica, las únicas salidas posibles, están en manos de la justicia y del Congreso.
A estas alturas y ante circunstancias de todos conocidas, ¿quedan dudas acerca de la extrema gravedad de la situación del país, tanto en lo interno como en referencia a las relaciones exteriores? En el primer plano, mientras delincuencia y desorden público con fachada política, se extienden por vías, campos y ciudades, agudizando a diario temores, incertidumbres, desazón, la crisis de proporciones inéditas en la relación con los Estados Unidos, nuestro histórico aliado, y principal socio comercial, generada por la demencial actitud de Gustavo Petro, ahora su declarado enemigo, aceleran el derrumbe.
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