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En el desayuno se sabe lo que será el almuerzo

Andrés Mejía

miércoles, 30 agosto 2023

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Quién diría hace 30 años que un pueblito cordillerano con casitas de bahareque y chambranas de madera en donde los vecinos se saludaban por su nombre, se convertiría en uno de los destinos turísticos colombianos más conocidos en el mundo. Salento conoció en carne propia y sin preparación previa, lo que era ponerse de moda, pasar al foco de los grandes operadores y sufrir un rápido deterioro de su movilidad. La actividad ha generado ingresos para las rentas municipales, sin duda. Pero, de nada sirve el recaudo tributario si la toma de decisiones no está en manos de personas capacitadas y con visión. Para un ejemplo, tomemos la movilidad al interior de su casco urbano; una de las dolencias más frecuentes de los salentinos, que ven cómo las calles diseñadas para una carga mucho menor se ven abarrotadas de vehículos, caballos y peatones. 

El fenómeno ya era conocido en 2008, época en la que el actual candidato a la Gobernación, Jorge Ricardo Parra Sepúlveda, asumía las riendas del municipio como alcalde por segunda vez. Pero la realidad y las necesidades de los pobladores no fueron escuchadas; la solución planteada se resumió a la creación de un parque museo del Agua en la entrada del municipio, y cuyo propósito pedagógico no compensa la inversión de 1.500 millones de pesos (en valores de hace 14 años). Un par de salones y la representación de cómo funcionaba un acueducto, componían el proyecto; bastaron pocos meses para demostrar que unos tubos no atraían al turista que llegaba interesado en ver naturaleza y cultura viva: los comerciantes que se pasaron allí abandonaron el proyecto, y el lote se llenó de maleza.

Hubo que esperar a que Juan Miguel Galvis Bedoya, también en la carrera por el primer cargo administrativo del Quindío hoy, fuera elegido como alcalde en 2016, para que el predio obtuviera, por fin, un uso útil para la población. Dejando de lado el esperpéntico parque dejado por Parra, destinó el lote para algo que resultó fundamental para descongestionar el pueblo: la terminal de transportes, adonde llegan autobuses con cientos de turistas, absorbiendo parte del embotellamiento. Una decisión fundamentada en un estudio serio y que hoy en día se mantiene vigente.

Pero esta no fue la única movida inteligente que Galvis emprendió en beneficio de la movilidad, supongo movido por el conocimiento del ordenamiento territorial que le brinda su formación como arquitecto; fue él quien construyó el muro de contención sobre la calle Quinta y que ha evitado que la entrada a Salento desde la Autopista del Café no se tapone con derrumbes que además afectarían la infraestructura del cuerpo de bomberos, una escuela y un hogar de ancianos; gestionó más de 2.200 millones de pesos para intervenir puntos críticos de esta vía; pavimentó la calle Cuarta; implementó zonas peatonales que contribuyen al comercio; amplió los andenes de la plaza principal.

No hace falta, entonces, mucho trabajo para ver la diferencia en los estilos de administración de ambos personajes. Como dice la Biblia y es conocido ampliamente, “por sus frutos los conoceréis”. De nada sirve actualmente, que un candidato atiborre el espacio público con publicidad externa y se tome fotos con personajes de variable credibilidad pública, porque el elector parece haber abierto los ojos y el desempeño es un legado más que válido para conocer de verdad al hombre detrás de la valla. 


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