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En San Cristóbal de La Habana I

John Elvis Vera Suárez

miércoles, 9 julio 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

“La Habana, ciudad de contrastes, donde la historia colonial se mezcla con la vida vibrante de hoy, y donde cada esquina cuenta una historia”.

Fundada en el año de 1514, su centro histórico fue declarado patrimonio cultural de la humanidad en 1982 por la Unesco. El 7 de diciembre de 2014, La Habana, derivada al parecer del nombre de un líder del pueblo original Taíno, es considerada como una de las nuevas siete ciudades maravillas del mundo. Con más de 2 millones de habitantes para el 2020 y 1.814.207 para el 2023 ante la baja de la natalidad y la migración a otros países. Es una urbe de contrastes. Ciudad musical y de gente muy cordial. La Villa de San Cristóbal de La Habana, como fue bautizada originalmente, respira tabaco y ron, colorida, alegre, bullosa y rumbera. Creo válido por igual, referirme que Cuba, viene de la palabra “cubao”, que significa “donde la tierra fértil abunda” o de la palabra “coabana” (gran lugar).

Sumamente calurosa en junio, con cielos hermosamente azulados, un mar espléndido, una ciudad histórica y en parte conservada. Las zonas restauradas parecen recientemente construidas mientras otras dan la sensación que quisieran derrumbarse ante el deterioro. Con vestigios de sus otrora extensas murallas. Con sus bellas acacias rojas florecidas, con nuevas grandes y modernas edificaciones dedicadas primordialmente a la hotelería, que hoy en día, buena parte las comparte el Estado con la empresa privada extranjera. Conservados y reparados autos de los años 40 y 50, recorren sus calles y avenidas, como parte del atractivo turístico sirviendo de transporte público. Restaurantes y hoteles con sus orquestas muy cubanas que animan la estancia. Shows musicales nocturnos que reviven los clásicos de sus bellos boleros y sones. Sus crepúsculos bien avanzados las horas, hacen más atractivos sus mares. La sensación de seguridad al caminar por sus alegres calles. El malecón, con sus ocho kilómetros de extensión, construido entre 1901 y 1958, para defenderla de las arremetidas del mar, tan llamativo como otros malecones de otros lares, es un atractivo para recibir el fresco de la tarde, para los encuentros de enamorados o de amigos, la recreación familiar y para la pesca deportiva o de subsistencia. El malecón en sí, identifica a la vieja y a la vez moderna Habana.

La emblemática Plaza de la Revolución con la gran escultura de José Martí y a su lado el obelisco de 109 metros. Mientras las figuras de Ernesto Guevara de la Serna el Che y la de Camilo Cienfuegos, observan la gran Plaza, que aseguran que en ella y sus calles alrededor, acudían al menos un millón de personas para escuchar atentamente los discursos de su gran líder Fidel Alejandro Castro Ruz (1926-2016). Su Capitolio (Que en la actualidad es un museo), con su gran cúpula de oro. Sus viejas y coloniales iglesias. Sus vetustos cañones apuntando a los barcos piratas. Sus esplendorosos y opulentos hoteles que fueron parte de su realidad mafiosa de los años que precedieron la revolución triunfante el 1 de enero de 1959.


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