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Encuentro con Maya Deren

Umberto Senegal

sábado, 20 diciembre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Como si en este radiante diciembre escuchara y tuviera a mi lado la “madre del cine de vanguardia americano”, aquella genial y hermosa Maya Deren, quien por los años 40 y 50 fue entrañable amiga de Anaïs Nin.

Esta, asombrada por el trabajo cinematográfico -en particular el impactante cortometraje Meshes of the Afternoon- la admiraba como figura clave del cine experimental, reconociéndole sus revolucionarias exploraciones de la psique femenina y los sueños. Tema central, también, en los descomunales Diarios de Anaïs. Como si arcanas Loas vudúes conectadas en la cultura haitiana con la danza propiciatoria de estados de devoción, por ejemplo con Erzulie Freda, Loa del amor, la belleza y la alegría por las cuales buscando experiencias inmersivas mostró interés Maya, me hubiesen enviado un invaluable regalo navideño de poesía visual. La reflexión poética y las vivencias emocionales que he disfrutado y atesoro gracias a las agudas sensaciones cinematográficas que luego del cine de Tarkovski y de Béla Tarr creía difíciles de superar, he recorrido, por estos días, la producción cinematográfica de Eleanora Derenkowskaia (1917-1961) escritora de prosa, poesía y ensayos políticos; apasionada de la danza y la fotografía, irradiándome el subconsciente con sus penumbras y rutilantes claroscuros, con sus enigmáticos personajes y sus sombras cinematográficas impregnándome el alma de estéticos sentimientos que yo desconocía dentro del cine arte de los años 40 y 50 desde cuando Deren, 82 años atrás, dio a conocer su breve y silencioso cortometraje en blanco y negro: Meshes of the Afternoon (1943). O Mallas en la tarde. O Redes en el atardecer. En 1959, Teiji Ito, esposo de Maya, añadió la banda sonora del citado cortometraje. Fruto de sincronicidades en mis charlas sobre Bela Tarr y Tarkowski, con reducido público, durante el pasado XVIII encuentro Luis Vidales donde León García Jordán nos dio a conocer el cine de Robert Bresson; y la poeta y editora Anid Jocabed nos compartió su asombro por el cine de Agnés Barda, Chantal Ackerman y Zamira Makhmalbaf. Sincronicidad es un principio de conexión acausal que describe la coincidencia significativa “entre eventos internos (psicológicos) y externos (físicos) sin relación de causa y efecto directa, a través de un significado compartido que trasciende el tiempo y el espacio”. Una película de siete horas y media, Sátántangó, del director húngaro Béla Tarr; y otra, de dos horas y treinta minutos, también de Tarr, me encaminaron hacia el filme de 14 minutos de la sorprendente Maya Deren. Ella escribió: “No soy avara. Ni busco poseer la parte más importante de tus días. Me contento con que, en esas raras ocasiones que la verdad solo puede manifestarse mediante la poesía, recuerdes quizá una imagen o, simplemente, el aura de mis películas”. Te recuerdo Maya, no podré olvidarte nunca.


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