¿Para qué aprendemos a escribir? Esta es la cuestión que hoy quiero abordar, diferenciándola del por qué, que ha sido ampliamente tratada por los intelectuales de las letras, dando todo el contexto de aura sagrada y expresión máxima del espíritu humano literario a la escritura. El para qué implica el objetivo, finalidad, función, utilidad, practicidad … Continuar leyendo
¿Para qué aprendemos a escribir? Esta es la cuestión que hoy quiero abordar, diferenciándola del por qué, que ha sido ampliamente tratada por los intelectuales de las letras, dando todo el contexto de aura sagrada y expresión máxima del espíritu humano literario a la escritura. El para qué implica el objetivo, finalidad, función, utilidad, practicidad o razón empírica de algo, que en el caso de la escritura no es menor, si partimos de considerar la escritura como una tecnología nos hace humanos.
La expansión y uso generalizado de la escritura se logró en la historia humana gracias a la expansión de la escuela, la escuela en sus primeros años se concentra ampliamente en desarrollar el proceso de alfabetización necesario para la vida social, siendo una de las tareas principales de la escuela la enseñanza y aprendizaje de la escritura y la lectura. Y si bien la escuela ha colocado como mediación textos o formatos narrativos o literarios, pues de alguna manera aprender la tecnología de la escritura es igualmente ingresar en un campo de ideologización cultural a través de las narrativas literarias, hay una amplia razón funcional del aprendizaje de la escritura que no es menor.
El aprendizaje de la escritura tiene una función práctica y utilitaria muy importante, aprendemos a escribir para movilizarnos y comunicarnos en un mundo que económicamente nos lo exige. Escribimos nuestro nombre y demás códigos o números de identificación, lo cual nos entrega identidad en una sociedad masificada; también escribimos direcciones, además de números para hacer cuentas, cartas o ahora mensajes en correo u otro servicio instantáneo de mensajería; igualmente hacemos listas, notas recordatorias y así, la escritura está presente en diversas funciones cotidianas administrativas de la vida doméstica, social o empresarial. Estas prácticas de escritura no nos hacen escritores, término asociado a las personas que son autoras de obras escritas, pero sí nos hacen personas que escribimos, que usamos la escritura como una herramienta para la comunicación.
Esta escritura burocrática no es menos importante desde un punto de vista histórico, civilizatorio y materialista de la humanidad. Este modo de la escritura hoy presenta un uso masivo, doméstico y cotidiano, pero no siempre fue así. En otros momentos de la historia, la escritura burocrática era un privilegio de algunas castas sociales o función restringida a algunos individuos concretos en estructuras burocráticas y de poder, por ejemplo, en Egipto antiguo solo un reducido grupo que rodeaba a los faraones sabía escribir, aspecto que ayudaba a mantener el monopolio del poder a partir de la misma escritura. La escritura burocrática cumple una función de poder, sea religioso, político o intelectual. El acceso a los misterios divinos en todas las religiones, o por lo menos en las religiones más poderosas, ha estado mediado por la escritura, como evidencia de la palabra de los dioses y, con ello se ha sustentado el poder sacerdotal de interpretación legítima de la palabra de las divinidades. En términos políticos es más que evidente desde la historia de los contractualismos modernos el hecho de la escritura como símbolo de poder, aspecto que también puede rastrearse en formas políticas anteriores como las monarquías o reinos medievales y antiguos. Y en lo que corresponde a lo intelectual, la escritura es condición indispensable del dominio de datos, información y conocimientos, evidencia histórica de ello es que la idea de erudición está directamente asociada a la escritura.
Finalmente, en tiempos de nuevas oralidades permitidas por las tecnologías digitales móviles, conviene recordar el poder social y civilizatorio de la escritura burocrática masificada, la cual hay que continuar favoreciendo desde la escuela.
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