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Familia y crisis

Óscar Piedrahíta

lunes, 17 agosto 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La situación que como humanidad vivimos por la emergencia sanitaria universal, ha visibilizado muchas cosas en las dinámicas políticas, económicas y sociales.  Luces y sombras…  Luces, como la sensibilidad social y solidaridad que han permitido mitigar un poco las dificultades de los hogares y calmar en alguna medida el hambre…  Sombras, como la corrupción, irresponsabilidad … Continuar leyendo

La situación que como humanidad vivimos por la emergencia sanitaria universal, ha visibilizado muchas cosas en las dinámicas políticas, económicas y sociales. 

Luces y sombras… 

Luces, como la sensibilidad social y solidaridad que han permitido mitigar un poco las dificultades de los hogares y calmar en alguna medida el hambre… 

Sombras, como la corrupción, irresponsabilidad ciudadana y falta de consciencia en torno al cuidado de sí mismo y los demás.

La familia como institución ha reflejado la capacidad para el amor y el apoyo; también la dificultad en la convivencia cercana. Son vergonzosas las cifras de maltrato intrafamiliar, que se han incrementado por la presencia continua en espacios reducidos. Para algunos ha sido un padecimiento compartir con sus parientes… Unas parejas encontraron el detonante que puso en evidencia una relación basada en la frialdad de la ausencia y la escasez de la comunicación… algunos padres pudieron darse cuenta del desconocimiento de la personalidad de sus hijos y del distanciamiento creado por los horarios encontrados y las rutinas no compartidas… en fin… este periodo ha permitido comprendernos sociológica y culturalmente, un poco mejor.

Otros, tuvimos la oportunidad de recordar que la familia es una fortuna invaluable y que contar con seres dispuestos a compartirlo todo, es más que un privilegio.

Esta cuarentena ha mostrado…

A padres —y abuelos— enfrentando la adversidad con entereza, llevando el pan a la mesa con coraje, dando de sí mismos, dulzura y firmeza, velando por la armonía del hogar, evitando y resolviendo conflictos, fabricando esperanza con sus palabras, desde la derrota de su propia incertidumbre.

A madres —y abuelas— con capacidad para la ternura, creando amor desde detalles sencillos… desayunos bañados con la miel del cariño y almuerzos adobados con las especias de la paciencia. Mujeres colmadas de tesón, valerosas, con miradas que pueden curarlo todo.

A hijos educados en respeto, capaces de comprender en la diferencia y amar en el reconocimiento, conscientes de la entrega de sus padres, comprometidos con el servicio y la gratitud.

Se han visto familias que saben comunicarse, que hacen acuerdos y logran que las pequeñas fisuras que la relación puede propiciar, se resuelvan sin que el amor se rompa. También parejas fortalecidas en su unidad, que han pasado por el crisol del sufrimiento y viven en paz, gracias al bálsamo del perdón y a la decisión de tomarse de la mano hasta el final.

Hay hogares cálidos, pues la chimenea del afecto ha permanecido encendida y estar en el mismo espacio ha sido un regalo.

Es importante comprender la dimensión del tesoro que es contar con un padre, que es líder, baluarte, ejemplo, faro y fuente de sabiduría y con una madre, que entrega orientación y consejo, ternura y paciencia, servicio y fe. Para quienes gozamos de ello es perentorio estar en gratitud, admiración y reconocimiento. —A Edilberto Alzate Marín y María Inés Manjarrés Campos—.

 


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