Desde el pensamiento griego antiguo hasta el moderno y ahora el contemporáneo, la humanidad se contempla como una construcción. No se nace humano o sujeto en sí mismo, sino que lo humano es producido, creado en tanto se reconoce como tal. El humano es por tanto una especie, un animal abierto a la generación de … Continuar leyendo
Desde el pensamiento griego antiguo hasta el moderno y ahora el contemporáneo, la humanidad se contempla como una construcción. No se nace humano o sujeto en sí mismo, sino que lo humano es producido, creado en tanto se reconoce como tal. El humano es por tanto una especie, un animal abierto a la generación de sí mismo, no un resultado o programa genético. El humano es un proyecto y, por tanto, lo que conocemos como educación se encarga de formarlo. Testimonio de ello está en autores modernos como Kant, que en su Tratado de Pedagogía (1803), considera que lo humano no es natural, sino que se forma y la educación tiene un papel importante en esta tarea. “El hombre es la única criatura que ha de ser educada”, dice el filósofo alemán. La educación, por tanto, es un proceso o un proyecto para la formación de sujetos humanos, históricamente diferentes, puesto que, cierto tipo de humanos son exigidos por la época, por la matriz cultural y tecnológica sobre la que los individuos humanos nos encontramos transitando.
La educación que conocemos es un invento de lo que, en filosofía y humanidades, especialmente historia, se denomina modernidad. Con este término se hace referencia a las transformaciones sociales, económicas, políticas, científicas y tecnológicas que se definen principalmente por la homogeneización y el dominio “racional” del mundo y la vida. El presente que vivimos sigue siendo moderno, aunque con objeciones, resquebrajamientos y refutaciones planteadas desde experiencias y reflexiones diversas, por ejemplo, las dichas por el posmodernismo. Sin embargo, los lugares, tiempos, distribuciones y roles que se presentan en educación, siguen las pautas de la matriz moderna que dio origen a lo conocido y vivenciado universalmente como escuela. La vida humana está cruzada por la escolarización. Ingresamos al sistema escolar a más temprana edad que hace unas décadas atrás y, en muchos casos llegamos a una edad madura con el ánimo o necesidad de continuar asistiendo a actividades escolares.
La formación humana no solo pasa por el aparateje escolar o, no solamente ocurre la formación en la escuela. En el último siglo y puntualmente en los últimos cincuenta años, los medios de comunicación (en concreto radio, cine y televisión) y las tecnologías digitales en dispositivos personales conectados en la red global internet, se han convertido en un aparataje masivo y permanente las 24 horas del día que transmiten información, conectan individuos, y generan prácticas y gestos que inciden directamente en la formación humana actual. Esto ha generado en pocas décadas bastantes transformaciones en nuestra propia forma de vernos a sí mismos. Se han dedicado, y todavía se hacen, amplias disquisiciones apocalípticas sobre el fin o muerte de la humanidad debido a esta incidencia directa de tecnologías de la palabra de orden digital; sin embargo, los cambios que se viven actualmente, los desajustes, movimientos y rupturas en la idea de lo humano que históricamente se llevaba construyendo hace ya más de 500 años desde el renacimiento, comprueban la misma idea humana que desde la antigüedad y en los primeros años de la modernidad se ha planteado, que lo humano es una construcción, no una sustancia o esencia afincada en el nacimiento y que su característica principal es esa constante búsqueda o perfectibilidad. Un reto está tanto en comprender estos nuevos movimientos en la formación constante de lo humano a través de la curiosidad y la crítica, sin caer en el rechazo o generación de miedo y, entre este reto de comprensión, llevar la pregunta ética por el cuidado, principalmente de la vida y de las condiciones que la hacen posible. La humanidad seguirá en procesos de formación permanente, pues finalmente lo humano no es un algo entero y cerrado, sino un medio abierto.
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