En 2024 el mundo filosófico celebró los 300 años del natalicio del icónico filósofo moderno Inmanuel Kant, nacido en 1724 en la ciudad de Königsberg, Prusia, hoy conocida como Kalingrado, Rusia. La celebración del natalicio de pensadores es un ritual académico para volver sobre sus conceptos, vida y obra, en este caso, Kant, un nombre … Continuar leyendo
En 2024 el mundo filosófico celebró los 300 años del natalicio del icónico filósofo moderno Inmanuel Kant, nacido en 1724 en la ciudad de Königsberg, Prusia, hoy conocida como Kalingrado, Rusia. La celebración del natalicio de pensadores es un ritual académico para volver sobre sus conceptos, vida y obra, en este caso, Kant, un nombre que está directamente asociado a filosofía, pues fue un pilar de la filosofía y racionalidad moderna desde el siglo XVII en áreas como la ciencia, la política, la ética, los derechos humanos, la educación, entre otros.
Comenzando este año 2025, también con amplia importancia para la filosofía, ya no moderna sino contemporánea, celebramos el natalicio del filósofo francés Gilles Deleuze, quien nació en París, Francia, el 18 de enero de 1925 y murió el 4 de noviembre de 1995. La figura intelectual de Deleuze es tan importante para la filosofía contemporánea como lo fue la de Kant para la moderna. “Un día, el siglo será deleuziano”, fue la expresión de Michel Foucault, otra figura icónica de la filosofía contemporánea.
Desde libros y clases que revisan autores clásicos de la filosofía como Spinoza, Nietzsche, Hume y el mismo Kant, hasta obras conceptualmente revolucionarias como "Diferencia y Repetición" (1968), “Lógica del sentido” (1969) y sus colaboraciones con Felix Guattari, Deleuze desarrolló conceptos como el rizoma, el deseo y la multiplicidad, proponiendo una filosofía no jerárquica que desafía las estructuras tradicionales del pensamiento y la actividad académica.
Deleuze fue profesor universitario, escritor e intelectual mediático, lo cual podemos identificar en sus participaciones en espacios públicos, en la realización de documentales y en la idea de romper con la clase magistral universitaria y poner en ella un performática diferente, la cultura pop. Deleuze desarrolló en la década del 70 el concepto pop-filosofía (Sutter, 2020), una apuesta innovadora que propone democratizar el pensamiento filosófico a través de los medios de comunicación masiva y la cultura popular. La pop-filosofía no pretende simplificar o vulgarizar el pensamiento filosófico, no es hacerlo más sencillo o didactizarlo, sino crear nuevos espacios de reflexión utilizando elementos de la cultura de masas como el cine, la televisión, la música y otros medios contemporáneos. Para Deleuze, esta forma de hacer filosofía permite establecer conexiones rizomáticas entre el pensamiento abstracto y la experiencia cotidiana, para que los conceptos filosóficos puedan circular y resonar en espacios no académicos. Una práctica que saca el pensamiento filosófico confinado a las torres de marfil de la academia y lo pone en otros formatos y medios, permitiendo que las ideas filosóficas se entretejan con la cultura popular y lleguen a audiencias más amplias sin perder su rigor conceptual.
En Colombia la recepción del pensamiento deleuziano es amplia, cuenta de ello es el trabajo de profesores como Edgar Garavito quien fue su alumno, hasta otros docentes e investigadores en universidades privadas y públicas. En el Programa de Filosofía de la Universidad del Quindío recocemos el pensamiento de Deleuze especialmente por la invitación y sugerencia que recibimos de los profesores Daniel Meneses, filósofo, Isabel Bernal, filósofa, e Ingeborg Carvajal, médico, de propender y lanzarnos a realizar un trabajo académico in-disciplinar, es decir, que desordenara la rígida estructura disciplinar universitaria, sesgo o rezago de lo que fue el pensamiento moderno. La reflexión contemporánea no está para seguir formando e investigando en compartimentos estancos que son entrópicos, consumiéndose recursos y energías vitales sin aportar o crear. Probablemente el siglo deleuziano inició en la segunda mitad del siglo XX, pero bien continúa en este siglo XXI hiper-mediático, caótico, destructor y creador.
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