La pregunta que podemos hacer después de esta semana es: ¿qué es lo que pretende este señor con la producción de pánico económico y social a nivel global? Como ejercicio especulativo planteemos las siguientes hipótesis. Hipótesis uno, el bravucón de la escuela o el barrio: como táctica de dominio en un grupo, este señor quiere … Continuar leyendo
La pregunta que podemos hacer después de esta semana es: ¿qué es lo que pretende este señor con la producción de pánico económico y social a nivel global? Como ejercicio especulativo planteemos las siguientes hipótesis. Hipótesis uno, el bravucón de la escuela o el barrio: como táctica de dominio en un grupo, este señor quiere hacerse pasar como el más bravucón, el malo de la escuela, de la cuadra, que manda a callar a cualquiera, que considera que todos son inferiores a él, que le pega como ejemplo y generación de miedo a uno que otro del grupo, que roba la lonchera o los útiles y materiales de los demás. Todo bien para el bravucón hasta que, la historia y el planeta le cobre su inmediatez, o, le haga frente otro bravucón, pues cruzando el barrio enseguida hay otros más grandes y más pegadores.
Hipótesis dos, automatización y robótica: la indigna expulsión de miles de personas que son mano de obra en aquel país trae consigo la pregunta ¿quién se va a encargar ahora de las tareas domésticas, manuales y repetitivas? Los nuevos amigos tecnológicos del bravucón durante los últimos años han producido sistemas de automatización y robots que ahora realizarán estas actividades, entonces, más que genios tecnológicos, estos “señores feudales de las tecnologías”, son mercaderes de aparatos y gadgets los cuales ahora venderán al mismo gobierno y los ricos y millonarios que puedan comprarlos. Sin embargo, como un amigo y colega filósofo me hacía caer en cuenta, la nación del bravucón se ha caracterizado por defender el capitalismo de mercado que tiene como engranaje principal los miles de consumidores que esta semana han empezado a deportar, quienes participaban de ese círculo vicioso del capitalismo de laborar para consumir y volver a laborar.
Hipótesis tres, supremacistas: el supremacismo es la ideología que defiende la preeminencia de un sector social sobre el resto por criterios específicos de raza, nacionalidad, sexo, idioma y demás; los supremacistas actúan considerándose mejores a los demás sin ningún reconocimiento o consideración en términos de derechos o bienestar compartido con otros. Los otros no son iguales a nosotros, dirían. En la historia humana no sería la primera vez que se presenta este fenómeno, el recuerdo más cercano es el caso del nacionalsocialismo alemán del pasado siglo XX. Mala experiencia para la humanidad, que pone en jaque a los organismos multilaterales que han promovido la paz, el reconocimiento, la diversidad, la igualdad y demás valores democráticos en el mundo. ¿Qué será de organizaciones como la ONU y la Corte Penal Internacional a partir de ahora?
Hipótesis cuatro, arrancar metiendo el gol desde los primeros minutos: en los partidos de fútbol la estrategia de algunos equipos es entrar asegurando la victoria, entonces se arranca el partido pegando y pateando duro, con desgaste físico desde el primer minuto buscando asegurar el primer gol y detrás de este el segundo y el tercero, posiblemente ganando por goleada si el otro equipo se desmoraliza, se atortola y no enfrenta con coraje al equipo bravucón. En esta hipótesis se está a la espera de la reacción de los otros equipos, si dejan que el bravucón ponga la pauta o se le hace frente parándose bien en la cancha y buscando también anotar gol.
Este texto no pretende ser una explicación científica sobre el comportamiento de un dirigente, tampoco sobre el destino político del mundo actual, solamente es producto de la sana especulación que nos da vueltas en la cabeza para tratar de encontrar sentido a algo que no lo tiene.
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