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¡Influencers!

Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez

domingo, 4 septiembre 2022

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Un influencer es una persona que sobresale en las redes sociales u otros medios de comunicación, ejerciendo ‘influencia’ sobre un conglomerado mediante la generación de contenidos, acciones de marketing, videoclips, hábitos, tutoriales, testimonios, cooperación digital, etc., en orden a estimular a los beneficiarios a comprar, vender o asimilar ciertos comportamientos que convierten al influencer en … Continuar leyendo

Un influencer es una persona que sobresale en las redes sociales u otros medios de comunicación, ejerciendo ‘influencia’ sobre un conglomerado mediante la generación de contenidos, acciones de marketing, videoclips, hábitos, tutoriales, testimonios, cooperación digital, etc., en orden a estimular a los beneficiarios a comprar, vender o asimilar ciertos comportamientos que convierten al influencer en ‘referente’. En este sentido los vloggers, los youtubers, son influencers que estimulan a muchas personas a asumir estereotipos, equiparable a una ‘manipulación emocional’.

La sociedad hoy se halla inmersa en el mundo digital, en el que las redes sociales nos han desbordado hasta el punto de que hemos ido cayendo en adicciones incontrolables y en un uso indiscriminado de plataformas que nos lleva al desconcierto, la frustración y hasta la soledad. A partir de esta reflexión quiero presentarles no a un influencer espiritual, sino al modelo de los ‘influencer’, el más grande de todos los tiempos, cuyos contenidos son profundos y encantan por su estilo, por su manera de hablar, por su actuar con autoridad, por su creatividad, por su ingenio; me refiero a: Jesucristo. Él se ha presentado ante la humanidad como ‘el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14, 6) y nos ha enseñado que la verdad nos hace libres (Jn 8, 32). Quizás reducirlo a ‘influencer’ sería un error, pero, podemos decir que es el modelo de todos los influencers, youtuber y vloggers- Jesús ha venido a instaurar entre nosotros un reinado espiritual llamándonos a la conversión; su muerte en la cruz se convirtió en el más grande espectáculo para muchos, pero, para los creyentes, fuerza salvadora, dadora de vida y esperanza.

De él se ha profetizado pues, desde el antiguo testamento se vino preparando su llegada: “El Señor mismo les dará una señal: he aquí una virgen, concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is 7, 13). Fue llamado Dios poderoso, príncipe de la paz, cordero inmaculado, pastor eterno (Is 9, 6). Por la acción del Espíritu Santo continúa su presencia real en la Eucaristía y en los sacramentos ejerciendo una fuerte influencia en los seres humanos, tocando corazones, sanando mentes y restaurando almas. Usó los medios de su tiempo, llamó a los que Él quiso, los formó en su escuela y los envió a predicar el evangelio. A diferencia de nuestros influencers no reducía su acción a un solo tema, nos habló de la vida misma y la ruta para llegar a la felicidad. Nos enseñó el camino de los valores y nos alertó sobre el pecado que conduce a la muerte. A diferencia de los youtubers no reduce su acción evangelizadora a escenas impactantes, sino que, desde la fe, nos muestra el rostro de amor y de misericordia de Dios. Mientras los influencers ejercen un poder sobre sus fans, Jesús no tuvo fans, sino apóstoles, quienes, en medio de la debilidad, forjaron un camino de fidelidad, amor a su Maestro y trabajo apostólico como misioneros del Padre.

Quienes entraban en contacto con Él no solo le admiraban por su creatividad, sino que reconocían su actuar con autoridad; no solo admiraban su doctrina, sino, que alegremente profesaban la fe; no solo realizaba milagros que revelaban su divinidad, sino que cada acción milagrosa era manifestación del amor de Dios en las que liberaba, sanaba y fortalecía la fe. En el encuentro con los invitados a la boda en Caná de Galilea, ungió a los novios con el bálsamo de la generosidad y convirtió el agua en vino; en el encuentro con la mujer samaritana, la mujer adúltera, el ciego Bartimeo, dejó ver su rostro compasivo y les brindó las caricias del perdón, la reconciliación y la paz.

En el templo, exaltado, volcó las mesas de los cambistas de quienes habían convertido la casa de Dios en cueva de bandidos; camino hacia el calvario premió a la Verónica plasmando su rostro en un lienzo y animó a las mujeres de Jerusalén a llorar por sus pecados. Simón de Cirene ayudó a llevar su cruz y desde este madero santo redimió a la humanidad; allí, en el calvario, perdonó a todos y se dejó seducir por las palabras de amor que brotaron de labios del buen ladrón: ‘acuérdate de mí cuando llegues a tu reino’ (Lc 23, 42); envió el Espíritu Santo a los apóstoles, después de su resurrección y con el envío de su Espíritu, en Pentecostés, liberó a los apóstoles de miedos y temores, convirtiéndolos en aguerridos mensajeros de fe y esperanza. Lo más maravilloso es que nos sigue salvando y llamando a la vida eterna. Por eso para mí es más que ‘influencer’. Jesús es el modelo, porque en su vida brilló la coherencia: la fuerza de la palabra y la armonía de la vida. Lo que sí es significativo, es que luego, sus apóstoles y especialmente San Pablo fueron los ‘influencers’, que continuaron la misión, anunciando a Jesús e invitándonos a la conversión.


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