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Inventario de las grietas

Gustavo Páez Escobar

lunes, 1 diciembre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Este nuevo libro de Mauricio Botero Montoya, editado en Bogotá por la Imprenta Editores, tiene un título sugerente que pondrá a pensar a qué grietas se refiere el autor. Otras obras suyas que he tenido el placer de leer y comentar tienen esa misma peculiaridad en el rótulo: Otto, el vendedor de música, El adiós de Otto, La alegoría del sueño.

Botero Montoya es un escritor original que se ha distinguido por la lucidez, la sobriedad y la agudeza de sus ideas, las que son manejadas con los recursos del humor, la filosofía, la poesía y la ironía. Desliza en sus escritos gotas de sabiduría con la misma propiedad con que pinta rasgos humanos. 

Cuando fue cónsul general de la Argentina, su maestro y contertulio era Jorge Luis Borges, hecho significativo que pone de relieve su calidad intelectual. Ese carácter lo ha llevado siempre consigo, como filósofo, conferencista, ensayista, periodista y autor de libros. Su mundo es el de las ideas, la reflexión, la controversia ilustrada. 

Lo mismo que es incisivo en ocasiones, se expresa con sutileza, llaneza y gracia al alcance de todos. Sabe manejar la chispa del ingenio, la frase perspicaz, la sátira benévola y a veces urticante. Debe deducirse que estas grietas se refieren al obstáculo o desacuerdo que le surgen a la persona pensante, que es él mismo, para aceptar el orden establecido cuando este se aparta de su formación y principios.

Sabe interpretar el mundo enrevesado con que todos los días nos tropezamos, y como no acepta lo absurdo o lo prosaico, se va por su propio camino pregonando sus juicios y convicciones. Viene al caso citar esta frase anotada en su libro: “Acepté el consejo de Borges, mi maestro: escribo para mí, para los amigos y para mitigar el paso del tiempo”.

Con frases breves, concisas y rotundas, expresa su pensamiento y precisa su ideología sobre los más variados temas. En todo el texto brotan trozos de filosofía, y se recrea, por supuesto, con este juego de las ideas que lo salvan de la inercia mental. Piensa y pone a pensar. Examina los hechos menudos de la vida de la misma manera que escruta las grandes civilizaciones, los imperios, los ámbitos del poder. Contradice ciertas afirmaciones de la historia, y se declara impotente para entender el sinnúmero de posturas falsas. 

Este es Mauricio Botero, quien frente a esta serie de grietas busca enderezar lo torcido y rechaza la mediocridad y la pobreza del espíritu. Nacimos para pensar, pero para pensar bien, sería su axioma. Y les enseña a los escritores a escribir bien. He aquí, para corroborar lo dicho, algunas de sus frases:

“El pensamiento nace desnudo; hay que vestirlo para presentarlo en sociedad”. “Si un adjetivo no da vida, debilita”. “Leo para saber que no estoy solo, y escribo porque la vida duele”. “Cuando no tienen nada que decir, gritan”. “La persona que no tiene sentido del humor no es seria”. “Ante las consignas de la igualdad social, las francesas contestan que viva la pequeña diferencia”. “Los espejos que no mienten pueden ser falsos”. “Al terminar un libro hay que hacer un duelo, como si nos hubieran robado un querido juguete”. 


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