Siempre será necesario recordar, volver a afirmar y continuar comunicando la imperiosa necesidad del estudio, del estudiar. El estudiar, dedicar la vida al estudio, es la mejor respuesta a las dificultades locales y globales, como lo que ocurre actualmente en tanto al incremento constante de la desesperanza en jóvenes y adultos, presentada en el aumento … Continuar leyendo
Siempre será necesario recordar, volver a afirmar y continuar comunicando la imperiosa necesidad del estudio, del estudiar. El estudiar, dedicar la vida al estudio, es la mejor respuesta a las dificultades locales y globales, como lo que ocurre actualmente en tanto al incremento constante de la desesperanza en jóvenes y adultos, presentada en el aumento de consumo de estupefacientes y la curva ascendente de suicidios. Así suene a campaña política, debemos decir Más Estudio y Más Cultura; estás peticiones serían la respuesta indicada. Bibliotecas públicas, teatros (#SomosTeatroAzul), Museos y galerías de arte, entre otros espacios y proyectos para el estudio y la cultura.
Desde siglos atrás sabemos que la educación es lo que nos hace humanos, cuestión que generación tras generación debemos continuar, entendiendo por educación, como lo dice el filósofo de la educación español Jorge Larrosa: “La transmisión/renovación/comunicación del mundo o, dicho de otra manera, con entregar el mundo a los nuevos para que pueda ser renovado. La educación, desde esa perspectiva, es la manera que tenemos los humanos de recibir a los nuevos en su ‘venir al mundo’ entregándoles ese nuestro mundo.” (2018) Es así que el llamado e invitación constante a la educación, al estudio, a la generación y sostenimiento de espacios para la cultura y la formación como humanos, no pierde vigencia en la medida que queramos seguir siendo humanos.
La invitación al estudio se hace más que necesaria en una época enferma por el exacerbado mercado y consumo, que ha objetualizado y cosificado a la humanidad y a la naturaleza, volviéndonos fichas intercambiables y comercializables. Frente a este panorama conviene seguir divulgando el poder transformador del estudio y la cultura, de su necesidad para la humanidad. El acceso a la educación pública, como también a otros bienes estatales como la salud, es la mejor estrategia que la humanidad y en especial la modernidad ha construido para el logro de la emancipación y el afianzamiento de la igualdad y la libertad. Una vida asociada o dedicada al estudio es el mejor antídoto para no enfermar de las miserias de la moral humana, miserias que se promocionan diariamente de manera seductora en los círculos mediáticos de consumo y mercado.
La invitación, a jóvenes y adultos, a las familias, es voltear la mirada al estudio, acudir a las escuelas, colegios y universidades, visitar las bibliotecas, librerías, museos, teatros y centros culturales, exigir a los mandatorios en el nivel local y nacional el sostenimiento y creación de espacios para la educación, el arte y la cultura; cómo es posible que esta ciudad se siga llenando de feos edificios de incómodos apartamentos y se pongan en riesgo los espacios para alimentar el alma, #SomosTeatroAzul. La invitación es a que nos alejemos un rato de las vitrinas, de los centros comerciales, de la publicidad en televisión y redes sociales y llevemos nuestra atención y mirada a un libro, una conversación, a una clase o a contemplar un paisaje verde quindiano. Los centros comerciales, canales de televisión y redes sociales probablemente no desaparezcan si dedicamos nuestra atención al estudio y la cultura, pero lo contrario, lamentablemente, sí puede ocurrir. Reduzcamos la velocidad, cambiemos la marcha, respiremos, leamos nuestra vida, el mundo y, también, muchos libros.
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