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¡Jornada por la Vida!

Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez

domingo, 11 septiembre 2022

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La Diócesis de Armenia viene trabajando arduamente, desde el 2019, un programa implementado por este servidor, denominado ‘SERVIDA’, la vida es sagrada, para contrarrestar el fenómeno del suicidio. En este sentido, nos unimos a la iniciativa de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) quien ha organizado para el 10 de septiembre de … Continuar leyendo

La Diócesis de Armenia viene trabajando arduamente, desde el 2019, un programa implementado por este servidor, denominado ‘SERVIDA’, la vida es sagrada, para contrarrestar el fenómeno del suicidio. En este sentido, nos unimos a la iniciativa de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) quien ha organizado para el 10 de septiembre de cada año esta jornada, avalada por OMS. El tema seleccionado para este año: ‘crear esperanza a través de la acción’ nos debe llevar a reflexionar como sociedad sobre lo que estamos haciendo y cómo estamos educando a las nuevas generaciones para que amen la vida propia y respeten la vida de sus semejantes. 

La prevención siempre será un camino de esperanza siempre y cuando todas las instituciones: educadores, servidores públicos, Iglesia católica, diversas denominaciones religiosas, gobernantes, profesionales de la salud, comunidad en general hagamos frente a un problema que, como decía el sociólogo, filósofo y pedagogo francés, Émile Durkheim se trata de ‘un fenómeno social’ y, por lo mismo, se ha ido convirtiendo en un problema de salud pública. Para nadie es un secreto que la pandemia y, especialmente el confinamiento, marcó la vida de niños, adolescentes, jóvenes, familias, adultos mayores; la vida de todos estuvo y sigue estando en peligro, pues creció la depresión, aumentó la crisis familiar, se evidenció la violencia intrafamiliar e interpersonal, se fortaleció el microtráfico y el narcotráfico, se agudizó el desempleo, muchos se enfriaron espiritualmente, se elevó el índice de asesinatos y la inseguridad en las calles, creció la delincuencia, se generó una mayor pobreza y se recrudeció la crisis social, económica, política. 

En el 2007, los obispos reunidos en Aparecida, Brasil, en la V Conferencia general del episcopado latinoamericano y caribeño, advirtieron que el mundo había cambiado, se planteaban nuevos paradigmas y una pregunta de fondo: ¿estamos ante una época de cambio? o se trata de ¿un cambio de época? Llegó la pandemia y nuevamente surgieron paradigmas y como llegaron a afirmar algunos escritores europeos, el mundo se adelantó en la sucesión del tiempo unos diez años. Todo esto nos ha golpeado duramente, como si estuviéramos en el Titanic, intentando esquivar la punta del iceberg. Muchos naufragaron, muchas heridas han quedado sin sanar, seres queridos que tuvimos que despedir sin los rituales de despedida habituales, mientras los médicos se convertían en héroes; luego, pasaron muchos de ellos de ser héroes a villanos, tratados así por una sociedad que se vuelve indolente e indiferente con el paso del tiempo. 

Gracias a la generosidad de muchos, se pudo hacer frente a una calamidad social y poder llegar a muchos hogares para encender de nuevo una luz de esperanza. Durante este tiempo doloroso crecieron las ideaciones suicidas, se consumaron muchos suicidios y niños, adolescentes y adultos mayores perdieron el sentido de sus vidas, sin poder gritar, clamar, tan solo llorar en el silencio de una alcoba o contemplar un panorama sombrío, mientras dejamos de sonreír con nuestros labios y tuvimos que aprender a sonreír con los ojos, mientras nos preguntábamos qué estaba pasando. Seguíamos sin entender hasta que pudimos respirar nuevos aires, aún en medio de la contaminación y de una enfermedad endémica con la que tendríamos que aprender a convivir. 

Cómo nos duele que en lo que va corrido del año en el Quindío ya se hayan registrado 26 suicidios. Desde la Diócesis de Armenia seguimos empeñados en generar una conciencia clara de que el problema no es de unos sino de todos. ¿Saben cuál ha sido nuestra dificultad? poder trabajar articuladamente con las instituciones. Hemos instalado siete mesas de trabajo en siete municipios, incluyendo Armenia, lo hemos hecho con valentía sin exigir nada a cambio, tan solo pedir a los organismos sociales y del gobierno que participen, que conformemos un frente de acción conjunto, sin protagonismos, pero, como siempre, las adversidades y el cambio inesperado de funcionarios en nuestros gobiernos locales impide que haya continuidad en los procesos y nuestras mesas terminan siendo lideradas por laicos vinculados a parroquias y algunos funcionarios, servidores públicos con vocación de servicio. Aun así, no me cansaré de seguir insistiendo. Insistir, persistir, jamás desistir, hasta que en nuestro departamento disminuyan las ideaciones suicidas y la consumación del suicidio, que nos permita ser faro de luz para otros departamentos. Invito, desde esta columna a las organizaciones que quieran sumarse, a las personas que crean en estos procesos serios y responsables a que nos unamos. Desde nuestra casa diocesana podemos ayudar a superar este flagelo con la ayuda de Dios y la solidaridad de todos.

El viernes próximo tendremos en la plaza de Bolívar una velatón por la vida y la esperanza. Los esperamos. ¡Que viva la vida!, como nos lo recuerda el Señor: ‘elige la vida y vivirás tú y tu descendencia’ (Dt 30,19).
 


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