Se llevaron a cabo el 13 de marzo las elecciones para decidir quiénes integrarán el Congreso de la República. En todos los departamentos —incluido Quindío—, ejercimos uno de los derechos más sagrados de la democracia: el voto. Ciudadanos libres concurrimos a las urnas, para definir a los hombres y mujeres que nos representarán en esta … Continuar leyendo
Se llevaron a cabo el 13 de marzo las elecciones para decidir quiénes integrarán el Congreso de la República. En todos los departamentos —incluido Quindío—, ejercimos uno de los derechos más sagrados de la democracia: el voto. Ciudadanos libres concurrimos a las urnas, para definir a los hombres y mujeres que nos representarán en esta instancia, donde se toman decisiones que inciden en la vida de todos.
Votamos por los 108 senadores que integrarán lo que se conoce como Cámara Alta. Elegimos a 100 de circunscripción nacional y 2 de circunscripción especial. Harán parte de este órgano también 5 miembros de las Farc (como parte de los acuerdos de paz) y quien obtenga la segunda votación presidencial más alta.
Falta formación ciudadana, un alto porcentaje de colombianos desconoce la integración y funciones del órgano legislativo, justo aquel que propone, analiza, discute y aprueba las leyes que, una vez en firme, rigen la vida de los que habitamos este territorio. Sin embargo, la democracia sigue, las diversas formas de pensamiento se expresan y las personas, elegimos.
Se definió también la integración de la Cámara, instancia que reúne a los representantes de las regiones. Para el caso del Quindío, tres personas conquistaron una curul. Hubo buen número de candidatos de diversas líneas políticas y filosóficas. Los electores gozamos de un abanico interesante y plural.
La política es un arte —así lo han definido muchos a lo largo de la historia—, porque desde lo más prístino de su concepción, es el medio a través del cual se ejerce el liderazgo, se gobierna, se mejoran las condiciones de vida de las comunidades, se crean oportunidades y se hace desde el Estado lo que corresponde: obrar con rectitud y servir a los ciudadanos.
En un contexto enrarecido por la corrupción, las malas prácticas, la presión y manipulación de conciencias, pareciera romántico hablar así.
Como todos los ideales, el de la buena política es uno que debemos mantener en el pensamiento, para que, bien sea como ciudadanos o como líderes, tengamos la posibilidad de diseñar el camino para llegar a él. ¿De qué hablamos?
La buena política es aquella donde la libertad es el valor primordial, los candidatos presentan hojas de vida con historias honorables, de pulcritud y buen proceder. Se trata de personas que han ejercido con honor diversas responsabilidades y cuentan con la experiencia y formación para ejercer la dignidad a la que aspiran. En el caso del Congreso, hombres y mujeres íntegros —que sí los hay—, inteligentes, competentes y sobre todo… honestos.
Para cuando se lea este texto, ya tendremos noticias sobre los resultados electorales, ojalá muchos hombres y mujeres como los que describí conquisten una curul en el Senado y también, tres seres humanos de las mejores condiciones profesionales, sociales, éticas y morales hayan sido elegidos representantes a la Cámara, para con ellos, empezar a forjar una mejor manera de hacer política.
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