Se inauguró por fin el ansiado túnel de La Línea, obra de ingeniería que llevamos más de 100 años soñando y que podría servir como referente de todas las dificultades técnicas, jurídicas e incluso políticas que pueden presentarse en un gran proyecto de desarrollo. Al margen de los eventos desafortunados que hicieron parte de esta … Continuar leyendo
Se inauguró por fin el ansiado túnel de La Línea, obra de ingeniería que llevamos más de 100 años soñando y que podría servir como referente de todas las dificultades técnicas, jurídicas e incluso políticas que pueden presentarse en un gran proyecto de desarrollo.
Al margen de los eventos desafortunados que hicieron parte de esta historia, de los líos que obstaculizaron su ejecución y debilitaron muchas veces la llama de la esperanza, es necesario resaltar —con justicia—, el logro que representa para el actual gobierno nacional haber materializado este anhelo y entregar, con hechos concretos, una oportunidad inmensa para esta región.
El túnel de La Línea es una gran oportunidad, para el Tolima y el Valle del Cauca y de forma especial, para el Quindío, ¿por qué?
Primero. Aumenta nuestras posibilidades de proyección a otros territorios, tanto a nivel comercial como profesional. Acercarnos a otras regiones por vía terrestre, permitirá que nuevos mercados estén disponibles para los productos locales y también, que podamos los habitantes del terruño, acceder a otras opciones en diversas ciudades.
Segundo. Potencia de forma impresionante el turismo. Los tiempos de crisis han puesto una nube de pesimismo ante la mirada de algunos, sin embargo, una de dos cosas tendrá que ocurrir en pocas semanas: aprender a convivir con la amenaza biológica en condiciones de bioseguridad y autocuidado, retomando vuelos, viajes de negocios y esparcimiento o encontrar una vacuna que ponga fin al miedo.
La primera alternativa es la que más depende de nosotros, por lo que sería la más viable.
Cuando se reactiven los viajes — lo que en la práctica, ya está ocurriendo—, el Quindío será un destino ansiado, convirtiéndose el túnel en un incentivo para que personas provenientes de diversas latitudes, lleguen a disfrutar de la hermosura del Paisaje Cultural Cafetero y sus incomparables atractivos de aventura, avistamiento de fauna, fincas cafeteras, experiencias gastronómicas, encuentros con la cultura y un derroche de gentileza y calidez humana.
Tercero. Fortalece la competitividad. Si hay un elemento importante es la facilidad logística y de transporte. Nuestra ubicación geoestratégica privilegiada, tiene en el túnel un valor agregado impresionante, que elevará los estándares a otro nivel.
Cuarto. Complementa los incentivos para las nuevas empresas. Ya tenemos algo valioso y es la declaratoria de Armenia como Zona Económica y Social Especial, Zese, que permite para las nuevas empresas y las preexistentes que generen nuevos empleos, gozar de 10 años de beneficios fiscales. Un atractivo irresistible, dado el ahorro que genera y la posibilidad de destinar el dinero dejado de pagar en impuestos, a otras inversiones que beneficien el desarrollo empresarial y activen mejores condiciones para nuestra tierra.
El túnel es un gran regalo para la región, una muestra de la grandeza de la ingeniería y un gigantesco camino de oportunidades, que podemos y debemos aprovechar, para escribir un futuro mejor. Dejemos atrás el escepticismo que ha caracterizado a algunos y empecemos a crer en cada uno de nosotros, en lo que somos como pueblo, en nuestras posibilidades y en un porvenir hermoso, para todos.
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