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La hija oscura

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 7 enero 2022

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

A veces no advertimos las revoluciones que vivimos. No las apreciamos y palpamos en el borde de la cotidianidad, como si la inconciencia, ese dejar ir por el caño para perder el principio de realidad, fuera esa burbuja que elegimos para no pensar. Es mejor tapar los espejos para no mirarnos. La decisión de millares de … Continuar leyendo

A veces no advertimos las revoluciones que vivimos. No las apreciamos y palpamos en el borde de la cotidianidad, como si la inconciencia, ese dejar ir por el caño para perder el principio de realidad, fuera esa burbuja que elegimos para no pensar. Es mejor tapar los espejos para no mirarnos.

La decisión de millares de mujeres de no seguir la regla cultural y obligada de la reproducción oficiosa, de la maternidad tradicional, cambia la perspectiva de la sociedad sobre cómo debemos tratarlas y redefine su papel en esta época.  La autodeterminación de su cuerpo, y de la bondad de su organismo virtuoso y bello, pone la racionalidad de su parte y arrebata a los hombres, en muchos casos, el campo de su abuso y del goce impuesto.

El cuerpo femenino de tiempo atrás ha sido un objeto de valor, y con precio, de las culturas patriarcales, en este cruce de la cordillera central de nuestros autoritarismos. Llevamos a la mujer a la guerra del centavo de su supervivencia y, peor aún, convertimos al cuerpo femenino en un botín de batalla en este interminable carnaval del odio. Y también en un comodín del sistema político que tenemos.

La hija oscura, la primera película de la actriz Maggie Gillenhaad, adaptación de una novela de la escritora Elena Ferrante, italiana, nos pone de presente, en medio de una narración en primera persona, que la protagonista, Leda Caruso, un día se declara como una madre antinatural. 

Leda es una mujer inteligente de 48 años, profesora universitaria, que pasa sus vacaciones en una isla griega donde conoce a una joven, quien también está en proceso de descubrir en su matrimonio cuáles son sus verdaderas prioridades como persona. Leda es madre de Bianca y de Martha, y va recordando desde el simbolismo de una muñeca perdida, robada por ella en un arrebato emocional, su experiencia como madre temprana y sus decisiones en el pasado cuando abandonó, por otro amor, a sus hijas. 

¿Alguien es culpable cuando una madre se enamora más allá del matrimonio? ¿Cuáles son las normas impuestas para las mujeres en la responsabilidad de la crianza de los hijos? ¿Podemos los hombres culpar a una mujer que nos abandona por su realización personal o por su placer?

Esa autodefinición femenina pasa por su participación política, desde la perspectiva de sus necesidades y prioridades. En La hija oscura hay un manifiesto evidente desde la autonomía.

Debemos disfrutar los procesos de la reflexión y del arte que esta revolución en curso, desde hace más de cincuenta años, nos provee. Antes de que el capitalismo salvaje, y su rezo bobalicón e interesado de la competitividad, nos convierta las emociones en un exclusivo producto del mercado. Decenas de libros, de escritoras y cineastas, de las líderes feministas, hoy avanzan sin ambigüedad en la confección y recreación de unas reglas que se adapten a renovadas sensibilidades.

La hija oscura, una obra de arte, nos puede aclarar un poco la niebla de los prejuicios.  


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