Nacida hacia el siglo VI a.C. en la región de Asia menor, recorrió el mediterráneo conectando el norte de África con las regiones sureñas de Europa, continúo su camino conservando su mensaje por el mundo medieval y luego dio luz a las ideas modernas que colonizaron el resto del mundo, allí se encontró con otras … Continuar leyendo
Nacida hacia el siglo VI a.C. en la región de Asia menor, recorrió el mediterráneo conectando el norte de África con las regiones sureñas de Europa, continúo su camino conservando su mensaje por el mundo medieval y luego dio luz a las ideas modernas que colonizaron el resto del mundo, allí se encontró con otras formas de saber con las cuales se mezcló sosteniéndose actualmente en medio de una pléyade de disciplinas, formas y prácticas de conservar y crear conocimientos y reflexiones. Este breve recorrido histórico nos muestra una parte del por qué se le considera a la filosofía madre de todas las ciencias.
Nacida de las entrañas del mito y la poesía, la filosofía propuso a la humanidad otra forma de conectar nuestra admiración por el universo y otra forma de comprendernos a nosotros mismos. Desde su mismo origen dio a luz los saberes que luego fueron creciendo como ciencias. Tales de Mileto es tanto el primer filósofo como el primer científico, aunque el primer gesto de la ciencia deviene del impulso filosófico por excelencia, la pregunta formulada desde el asombro: ¿cuál es el principio básico de las cosas, del mundo?
Posterior a los presocráticos, como primeros científicos, o también primeros astrónomos como los llamó Carl Sagán, la filosofía consolidó su presencia en el mundo a través de la voz de Sócrates, filósofo que además le dio un interesante carácter relacionado a lo maternal, al nacimiento, pues su práctica dialéctica denominada mayéutica hace que la filosofía se considere “partera de ideas”, la que ayuda a los demás a dar a luz, la que asiste el nacimiento del pensar.
Durante la modernidad, en el nicho propio de la filosofía se dio forma a la revolución científica que cambió ampliamente la vida en el planeta. Varios filósofos modernos, como Descartes, Bacon o Newton, combinaron intereses filosóficos y científicos, contribuyendo a una transformación en la forma de conocer el mundo. Desde la filosofía tomaron fuerzas para alzar su propio vuelo, creando autonomía metodológica y epistemológica desde preguntas originalmente filosóficas que dieron origen a las ciencias naturales y, luego, a las ciencias sociales y humanas.
Con un sentido ampliamente pretencioso, pero desde el frenesí intelectual que caracteriza a la filosofía, Inmanuel Kant declaró que la madre de todas las ciencias era además facultad primera, la base fundamental que permite reflexionar sobre el conocimiento, la moralidad y la existencia misma. Este filósofo moderno resaltó la importancia de la autonomía y crítica de la filosofía en relación con otras disciplinas y con el poder estatal y eclesiástico, para que así pueda realizar la tarea de juzgar desde la razón los saberes y tener libertad de pensamiento.
Hoy la filosofía sigue presente, con su carácter maternal en medio de una diversidad creciente de disciplinas tecnocientíficas y aplicadas. Como una presencia constante y atenta, ofrece el acompañamiento que el mundo y sus saberes contemporáneos necesitan: escucha, examen y formulación de preguntas sobre el sentido, los principios, la viabilidad y los límites de las prácticas tecnocientíficas. La filosofía, con su vocación crítica y cuidadora, sigue siendo indispensable para pensar y proteger el mundo y la vida.
Con estas palabras invito a celebrar a las madres y su poder de dar vida, de orientar y de reflexionar, dones que el mundo necesita con urgencia en una época de riesgos y límites de la viabilidad humana. A las madres, que, como la filosofía, son condición de posibilidad del nacimiento del mundo, de la vida y de las ideas, además de nicho de cuidado y protección constante.
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